Acá me encuentro nuevamente.
Hacía un buen tiempo que no paseaba por esta página, que suele distraerme un poco la mente cuando más lo necesito. Los cálidos colores que la decoran me permiten imaginar que quizá hay alguna escapatoria de esta oscuridad que me rodea, que me llena, que me abraza.
Al final solamente quedo yo, con mis temores, con mis dolores. Un cuerpo, un cascaron vacío, porque lentamente han acabado con lo que se encuentra por dentro.
Lo que me trae a acá es cansancio. No cansancio físico, aunque lamentablemente esta inestabilidad siempre trae como consecuencia el agotamiento del cuerpo, aunque uno ni siquiera mueva un músculo.
Es un cansancio distinto, es emocional, mental.
Comienza como un simple pensamiento, pero a medida que va avanzando se va apoderando de tu cuerpo, te va enfermando, te va matando lentamente. Así me siento.
No tengo ganas de luchar; pienso ¿por qué seguir luchando?
Claro, esa es la pregunta, ¿por qué hacerlo? si al final volvemos al punto de partida. Nos encontramos solos, abandonados, lastimados. Nos encontramos vacíos.
Cuando uno no es bienvenido en un sitio, lo mejor es dejarlo atrás. Pero ¿cómo hace uno cuando no se siente bienvenido en la vida?
No es fácil la situación. No es como cambiar un mueble de un lado a otro, y si así lo fuera, sería como sustituir un mueble por otro con los mismos ideales.
Las personas hieren, algunos inclusive con su sola presencia. Son capaces de derrumbar el más fuerte de los muros.
Todo esto me trajo acá de vuelta. Quizá es mi vía de escape para dejar de pensar en lo que la vida me arrastra, es válido.
Lo siento.
Siento no poder olvidarte.
Siento no poder dejar de pensarte.
Siento que representes cada uno de mis instantes.
Siento que cuando te veo mi mundo se pone de cabeza.
Pero siento aún más, tener que irme sin siquiera mirarte.
Hasta que pueda oír tu nombre sin exaltarme.
K-20190410.
OPINIONES Y COMENTARIOS