Tengo que admitir que la primera vez que me acerqué a los textos marcianos (de Marx) me consideré una comunista. Con el tiempo me fui alejando de las ideas revolucionarias de masas porque respondían a patrones masculinos que no condecían con las vidas concretas de las mujeres. Ademas, la crítica a la estructura económica era insuficiente para resolver las cuestiones de opresión de las mujeres, niñas, personas, negras, indígenas, lesbianas, etc. Aunque la consciencia de clase siempre haya sido una base principal para mí para tomar consciencia de mi lugar en el mundo, en una familia, de ser mujer argentina de determinada edad, con determinado cuerpo, etc.

Con el correr de los años, mi trabajo, estudio y práctica política me llevaron cada vez más a la profundidad del cuerpo. Es en el cuerpo donde nace y comienza la opresión y la libertad. Las ideas posmodernas que hay en relación al biopoder no terminan por responder o terminan siendo muy reducidas una vez más. 

Y así de andar en caminos y caminos, volviendo a la academia y al estudio de la historia es que volví a los textos marcianos (de Marx) y marxistas (de personas que continuaron leyendo a Marx). Hoy puedo decir que no soy marxista, más sí me ayudan a pensar, o pienso junto a Marx. Hay marxistas que sostienen que no se puede ser marxista sólo leyendo, sino que se es principalmente observando la realidad social. 

Este tiempo, de vuelta a la academia, a ser estudiante, a vivir como tal, observar la realidad y leer a Marx al mismo tiempo me ha sido de una gran gran compañía, y sobre todo mayor entendimiento de sus ideas, que a la edad de 22 años, con mis condiciones materiales bastante resueltas no las entendía.

En la «Ideaología Alemana», Marx y Engels, hacen una crítica tanto al racionalismo y como al empirismo, basándose en que lo principal es la realidad social, no las ideas abstractas a las que nos quiere llevar la erudición académica, donde se toma consciencia de algo ajeno a la realidad social. En ese sentido, Marx era muy concreto, se nota que estudio derecho y no filosofía, y su base era material. Hablan de la relación social del ser humano con la naturaleza. No hay que explotarla, pero si saber transformarla para generar los propios medios de subsistencia. Hablar del cuerpo como el principal lugar donde somos materia. El cuerpo y nuestras necesidades nos recuerdan que  ellas deben ser cubiertas para poder pensar y tener ideas. Todo nace a partir del cuerpo y de cubrir sus necesidades. Eso de alguna manera es la libertad última y primera.

Dicen que lo que nos diferencia de los animales no es la capacidad de pensar (como tanto promovió la filosofía occidental aristotélica), sino la capacidad de generar los propios medios de subsistencia. Y ahí es donde nace la lucha de clases, de unos sobre otros/as. Si bien esta concepción no explica totalmente la realidad de las mujeres, y Marx quedo muy reducido al hablar de producción como trabajo asalariado, negando el trabajo productivo y reproductivo no asalariado que hacen día a día las mujeres en las casas, y en todos lados, considero que Marx es una base importante para continuar elaborando teorías y pensar nuestras realidades.

El feminismo materialista es un pilar en mi trabajo de investigación, ya que parte de la concepción de cuerpo productivo y reproductivo de las mujeres para analizar las opresiones sobre nosotras, producto de un sistema patriarcal, capitalista y racista.

Gracias Marx, porque en mis días por Niterói, en los pies caminando las calles y mi corazón puesto en busca de lugares para generar mis condiciones existenciales de vivienda, alimentación y nutrición, te pensé y tus ideas vinieron a mí como relámpagos que me sostenían, que daban fuerza y empuje a la realidad brutal a veces, y otras misteriosa. Y siempre con la certeza de que ahí en la toma de consciencia nos transformamos y nos liberamos, de la crueldad y del imperio de la desigualdad.

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