Muy bien, llegué. O estoy llegando, sería mejor decir. No sé si llegar a un lugar sea algo acabado y definido en sí mismo. Cuando aterrizamos en nuevo lugar desconocido la certeza que tengo es que nada está dado en sí mismo, todo va siendo en la marcha. Aunque el equipaje que traigamos venga siempre a cuestas.
Y para mí la sensación de llegar no es poca. Encontrar dónde vivir ha sido una gran travesía, de idas y venidas. Hasta que finalmente, un poco la vida y otro poco una decisión que tomé a última hora, estoy viviendo en el Barrio Ingá. Alquilo lo que aquí llaman de «repúblicas». Algo que al comienzo me resistía bastante. Se trata de un cuarto privado dentro de un departamento, donde conviven otras mujeres y comparto con ellas el baño, la cocina, la sala y la lavandería. No es la mejor opción, pero si la que tuve más disponible y tomé sin dudar.
Antes de estar acá vi varias casas departamentos por aquí cerca. Ninguna de ellas se concertó por altercados de la vida. Aunque siempre mi corazón pulsaba con la certeza que iba a ser en el barrio Ingá, y aquí estoy.
Cambie mi casa monte por el ruido de la ciudad, por un espacio más reducido y compartido. Cambie la lejanía de Benitez por estar cerca de teatros, cines, universidades, lugares dónde comer y comprar. Parece el paso de la barbarie a la civilización. Elegí eso que llaman cultura y educación. No sé hasta que punto beneficia al ser humano. Niterói es una ciudad con muchos y muchas habitantes (medio millón), que está a orillas de la Bahía Guanabara. Sólo un puente la separa de la capital de Río de Janeiro. La gente que vive aquí es principalmente estudiantes, ya que tiene muchas universidades públicas y privadas, y también hay mucha gente de otras lugares de Brasil que llegaron a vivir aquí encontrando una mejor vida. Niterói es una ciudad amena y tranquila para vivir, sólo que va desarrollándose a través de la urbanización y eso la vuelve cada vez más citadina. La gente del lugar cuenta que antes había una rivalidad entre Niterói y Rio (que aun persiste en el imaginario social). La gente de Río se considera más «avanzada», colocando a la gente de Niterói como de «pueblo». Y al revés Niterói se considera mejor porque es más nuevo, y Río no. Más allá de estas rivalidades mediadas por un puente de distancia (me recuerda a Chaco-Corrientes), lo cierto es que en la vista de la costanera de Niterói está Río, y en la de Río está Niterói. Es como si uno no pudiera vivir sin el otro. Porque aquí el paisaje es la Bahía. No se es nada sin ella. De ella nace el apaciguamiento del ruido, la templanza del aire, el misterio y extrañeza de las obras de Niemeyer a lo lejos, las bicicletas que la rodean, el carnaval que la recorre. Todo es desde y hacia la Bahía Guanabara. Ella une y disuelve. Ella nos atraviese. Por eso en algún momento del recorrido del día a día se la transita y Niterói se lo percibe con nuevos ojos.
En la foto, aparece la esquina de la Plaza Cantareira. Es la plaza que transito todos los días, desde mi nueva morada hacia la Universidad, o hacia el cine, o hacia el centro, o hacia la Bahía. Ella está en el medio, entre lo que soy y lo que estoy siendo.
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