Cuando comencé a trabajar en la agencia de noticias falsas pensé que sería por un corto período mientras enderezaba las múltiples cargas que me habían hundido en la insolvencia total. Simpatizaba a medias con el sistema político existente y por eso me atreví a optar por un puesto como editor de textos en aquel lugar diseñado para la desinformación. Pero me quedé más tiempo del que pensaba y no fue precisamente por un salario de mierda. Fue por Amanda Seijas.
Gracias a ella comprendí el verdadero objetivo que la dependencia gubernamental perseguía. Supe la bajísima calidad de personas que la dirigía, mientras seguían instrucciones de gente mucho más detestable. La Agencia de Noticias Oficiales (ANO) era un lugar donde se producía una hemorragia de datos que no se correspondían con la realidad. El único objetivo era aturdir al público para luego manipularlo descaradamente. Todo se tramaba en interminables reuniones “urgentes” a las cuales yo no asistía por ser un empleado de menor rango, pero que Amanda sí presenciaba por ser coordinadora de un área. Nuestros ardorosos encuentros corrieron en paralelo con montones de referencias inventadas, causantes de múltiples daños en las calles del Distrito Capital.
Amanda Seijas me atrapó con una maniobra de incitación a través mensajes de texto un poco ambiguos pero muy efectivos. Disculpa el atrevimiento. No había hecho esto nunca, pero me llamas mucho la atención. Me gustaría conocerte mejor.
Cuando comenzaron a llegar sus recados no hice caso de las advertencias que un compañero de trabajo me había concedido con muy buena intención: “Eso lo ha hecho con varios tipos aquí. Y después caes en la trampa. Cuidadito”. Cuidadito nada. Yo quería caer en esa trampa. Durante un buen tiempo caí completamente dominado por la fogosidad de aquella depredadora. Por su astucia. Por su elegancia. Por el determinante magnetismo que ejercía su mirada. Por la espléndida sensación de su boca en mi entrepierna.
Desde el primer encuentro nos gozamos vestidos, en ropa interior o a pura piel. Encendidos siempre. Indecentes siempre. En los descansos de la exquisita yuxtaposición genital que disfrutábamos tres veces a la semana, ella me contaba cómo en las reuniones urgentes de la agencia se generaba cualquier cantidad de opiniones extremistas, ideas para propaganda y tácticas de manipulación, no solo a través de reportajes falsos con motivaciones políticas o económicas, sino comisionando la elaboración de audios simulados que luego se difundían vía WhatsApp, algunas veces para generar pánico en ciertos sectores de la población, otras veces para incentivar el odio hacia una fracción específica.
Para ese momento mi decepción con la gerencia de la Agencia de Noticias Oficiales era gigantesca pero no pensaba abandonar mi puesto mientras tuviera la oportunidad de disfrutar del cuerpo de Amanda, aunque sabía que no iba a ser por mucho tiempo. Más temprano que tarde ella iba a despellejarme como la presa que en algún momento le había provocado merendar y luego abandonaría mi osamenta masticada para buscar otro hombre dispuesto a ser inmolado. Por lo tanto, la decisión fue seguir hasta que mi próstata aguantara.
Una vez ella me confesó que se masturbaba durante las reuniones urgentes. Era su forma de combatir el terrible hastío de aquellas horas generalmente improductivas en las cuales rara vez se llegaba a una conclusión, y en muchas ocasiones esa conclusión bien pudo ser un simple email enviado a tiempo. Que encontrara esa forma de distracción no me extrañaba tanto porque ya conocía su desbordada sexualidad, pero sí me llamaba la atención conocer las técnicas que empleaba durante aquellas maratónicas tertulias donde todos querían impresionar a los demás. ¿Cómo lograba que nadie se diera cuenta? ¿Qué hacía concretamente?
Me explicó que una de sus técnicas preferidas era sencillamente cruzar las piernas (esas piernas de llanera que me encantaba besar mientras me envolvían la cintura), y ejercer pequeñas presiones una sobre la otra a un ritmo acompasado e invariable. Así, mientras algún directivo pronunciaba un discurso ideologizado sobre “cómo salvar a nuestro pueblo de las malas intenciones de las potencias extranjeras”, Amanda fingía todo el interés que le era posible mientras presionaba levemente sus muslos para frotar el clítoris. Lo más difícil era disimular el orgasmo. A veces fingía un bostezo y se tapaba con elegancia la boca. En otras ocasiones aparentaba un leve ataque de tos y en otros casos soltaba un inocente suspiro.
En una reunión donde los directivos discutían la forma de eliminar el aire acondicionado en áreas determinadas de la oficina para así medir el grado de compromiso de los trabajadores (asumían que quienes se quejaran menos por las condiciones serían los más leales), Amanda llevó un juguete sexual en su vagina. Se trataba de un diminuto succionador con mando a distancia conectado a Bluetooth que hizo mucho más placenteros los 150 minutos que se prolongó la perorata corporativa.
En otro encuentro gerencial donde se plantearon las mejores formas de que los incautos replicaran en las redes las noticias falsas ignorando lo dañinas que eran, Amanda decidió llevar puesto un dispositivo anal que la distrajo de buena manera. Recuerdo bien el día que me contó todo esto porque fue la primera vez que se puso en cuatro para mí: Eso es tuyo. Pero trátalo con delicadeza, por favor.
Aparte del valor anecdótico de lo referido por la linda muchacha, el esclarecimiento acerca de lo que maquinaba la directiva de la agencia en esas reuniones me inquietaba verdaderamente. Se trataba de sujetos al servicio de una causa bastante cuestionable. Era bueno tenerlo claro.
Una tarde de vino blanco, ceviche y bossa nova, ambos comentamos con preocupación el caso concreto de una información ficticia generada desde la agencia, la cual sería reproducida en cientos de portales web en las semanas venideras. Allí se revelaba la existencia de un plan ejecutado por sectores de la oposición directamente involucrados en el tráfico de órganos. Se afirmaba que estos grupos secuestraban jóvenes entre 19 y 29 años y les extraían los riñones. De acuerdo con el texto y un video generado por IA, el objetivo de tal acción era, además de conseguir financiamiento con la venta de partes humanas, crear una ola de pánico ciudadano sin precedentes y en un mediano plazo, la desestabilización del gobierno. En aquella nota se mencionaba una investigación policial que aportaba evidencias concluyentes y se aludía a un partido político determinado. Todos los datos referidos parecían confiables. El video parecía real. Pero el aterrador detalle era que Amanda había asistido a las reuniones donde se planificó con total frialdad el camino que debía transitar aquella información adulterada. Incluso se analizaron las consecuencias deseadas. Esta gente iba en serio.
¿De dónde salió una estrategia tan torcida? De la mente del director de la agencia, Paúl Nadal. Pude comprobarlo al ver una copia de la minuta de la primera reunión urgente.
Minuta reunión URGENTE
Fecha: 19/01/2023
Hora: 10:00 A.M
Lugar: Sala de conferencias “B” de la Agencia de Noticias Oficiales (ANO)
Asistentes: jefes de departamento y director general
Organizador y convocante: director general de la ANN, Paúl Nadal
Objetivo: Trazar estrategia comunicacional de cara a elecciones regionales
Responsable del acta de la minuta: Amanda Seijas
El director Nadal tomó la palabra para destacar que la presente reunión es secreta y que la minuta debe ser destruida una vez que los asistentes muestren su conformidad con cada uno de los puntos tratados.
El director Nadal explicó que se necesita un contenido de alta contundencia que involucre a un sector de la oposición en un hecho lo suficientemente grave como para desprestigiarlo y evitar que la mayoría de sus candidatos ganen gobernaciones y alcaldías en las elecciones regionales. Debe ser algo que vaya escalando en la medida que las informaciones aparezcan. Es decir, debe comenzar como una noticia aislada que irá entrelazándose con mayor cantidad de datos terminando en un hecho de suma preponderancia.
Después de esta introducción, el director Nadal pidió a los asistentes que propusieran ideas para la estrategia.
Le advertí a Amanda lo peligroso que era conservar una copia de aquella minuta. Ella no se preocupaba demasiado. “Es para protegerme por si esto se va de control”, dijo. Parecía tener todo previsto, todo examinado, incluso el futuro. Tal era la seguridad en sí misma. Yo la veía salir de la cama caminando altiva con aquella melena cobriza que llegaba hasta la mitad de la espalda. Las nalgas no muy abultadas pero dignificadas por unas piernas bellísimas. Regresaba con un trago y algo de comer. Se sentaba en el borde con elegancia, sonriéndome (sus tetas también me sonreían) y me dejaba sin palabras. Esta chica siempre daba la impresión de estar tramando algo. Respecto a la ANO, parecía tener un plan diseñado. Yo no lo descifraba al principio. Más adelante, cuando ya no estábamos juntos, entendí lo que buscaba en la vida.
En los días siguientes pudimos observar, no sin inquietud, cómo evolucionaba la campaña diseñada por Nadal y su equipo para achacarle a un segmento de la oposición un supuesto plan de secuestrar jóvenes y traficar sus riñones.
Inicialmente, el siniestro rector de la Agencia de Noticias Oficiales solicitó concentrar los esfuerzos en un dirigente político específico. Se trataba de un candidato a la gobernación en uno de los estados más importantes del país. Tenía el primer lugar en las encuestas y todo hacía lucir que sería imbatible. Nadal lo convirtió en el foco de los ataques aprovechando viejas acusaciones de conductas inapropiadas con las mujeres que habían trabajado en su entorno. El objetivo era claro: rescatando antiguos defectos mucha más gente estaría dispuesta a creer las noticias negativas generadas desde la ANO sin verificar su autenticidad y además estaría dispuesta a compartirlas.
En poco tiempo se vieron los resultados. La repercusión preliminar hizo que no importara demasiado si había una pizca de verdad en las notas de prensa que vinculaban al hombre con la venta de partes humanas. Luego Nadal exigió a los trabajadores de la agencia que difundieran entre sus familiares y amigos las informaciones a través de cadenas de WhatsApp y Facebook. Esto fue decisivo, pues les otorgó el manto de intimidad que faltaba para hacerlas virales.
En un par de meses el político estaba condenado a 30 años de cárcel, gracias a unas “pruebas” fabricadas también en la ANO. La importante gobernación fue obtenida por el candidato favorecido por la agencia de noticias falsas y la oposición entró en una profunda etapa de desprestigio. La risa ensordecedora y repugnante de Nadal festejando la hazaña en su despacho se escuchaba en cada cubículo del piso 16. Una tarde invitó a Amanda a cenar para continuar la celebración. Desde hacía meses se notaba su interés en ella.
Después de aquella cena, una estrategia paralela se desarrolló en Agencia de Noticias Oficiales y fue una idea propuesta por la mismísima Amanda: contratar algunos influencers que en su propio estilo glorificaran indirectamente al gobierno y “evidenciaran” en las redes sociales que el país estaba mejor que nunca. En este punto la bella chica ya visualizaba un futuro promisorio para sí misma y se propuso como una de las primeras creadoras de contenido que llevarían adelante el experimento. Más adelante esto daría pie para asalariar otros forjadores de tendencias que profundizarían el trabajo.
A estas alturas ya era claro que Amanda tenía grandes ambiciones, lo cual significaba que pronto iba a borrarme de su lista. Afortunadamente era diáfana y sin rodeos a la hora de arrojar las verdades.
“Negro, sabes que he vivido maravillosos momentos contigo. Me encanta cada detalle de ti. Tu olor, tu sabor, tu buen humor, tus besos, tu palo. Pero sabes que esto no durará mucho, ¿verdad? Yo tengo que seguir adelante, y más que seguir adelante, voy a seguir hacia arriba. Antes de cumplir los 30 voy a tener absolutamente todo con lo que he soñado desde que estaba chiquita allá en mi pueblo. Si este cuerpo sirve para lograrlo, pues que así sea. Ya vi que es posible y empecé desde la agencia de noticias falsas, pero es apenas el primer avance. Voy por más. Lo triste será dejar en el camino a gente linda como tú”.
No voy a negar el dolor que al principio me causó aquella confesión. Para ese momento yo creía que estaba profundamente enamorado de Amanda Seijas. Solo un año después de su alejamiento entendí que eso no había sido amor. Solamente se trataba del divino embrujo que producían nuestras licuefacciones carnales.
Cinco semanas después, ya la chica tenía cuentas con miles de seguidores en Instagram y TikTok en las cuales promocionaba actividades en barrios que solían ser peligrosos y donde ahora se llevaban a cabo actividades culturales interesantes y seguras. En sus publicaciones soltaba frasecitas como es una experiencia disruptiva en la que podrás degustar platos de autor al son de las agrupaciones locales y bla, bla. Pero vamos a estar claros: todo lo que hacía le quedaba bien… y se veía mejor que nunca.
Yo continué trabajando en la agencia por once meses más. Todo consistía en revisar ortografía, sintaxis o coherencia en decenas de notas diarias, pero obviamente no podía tocar el tema central pues allí estaba condensada la toxina que engañaba (o al menos intentaba engañar) al lector. La estrategia basada en el tráfico de órganos funcionó bastante bien por meses. Generó el espanto deseable en las calles hasta el punto de que mucha gente no quería salir de sus hogares. También hubo una serie de allanamientos y algunos de los supuestos responsables del escándalo fueron desaparecidos o, en el mejor de los casos, encarcelados. La idea germinada en la agencia había logrado un éxito mayúsculo y tenía todos los puntos a favor en las altas esferas gubernamentales.
El ascenso de Amanda Seijas fue rápido y se correspondió con una maniobra bien trazada. Primero formalizó su romance con Paúl Nadal cuando faltaban pocos días para ser nombrado como ministro de información. Luego, siendo ya la novia reconocida del flamante funcionario se le hizo más sencillo asistir a cuanta fiesta, homenaje, espectáculo o lanzamiento de producto se apareciera en el camino. Su condición de creadora de contenido de cierta popularidad facilitó todo. El siguiente paso fue viajar por Europa, Asia y Medio Oriente junto a un enamorado que no solo tenía la excusa ministerial de establecer vínculos internacionales para mejorar la imagen del gobierno, sino la intención de disfrutar de un acopio de billetes verdes derivado de licitaciones de publicidad bastante dudosas.
Un mes de diciembre renuncié a mi puesto como editor en la agencia de noticias falsas. Lo hice después de recibir los aguinaldos, lo cual me aseguraba algo de dinero mientras buscaba otro empleo mal pagado. En esos días Amanda se encontraba en París gastando lo que le daba la gana con total impunidad gracias a su prometido. Me alegré por ella. Lo estaba logrando. Iba a convertirse en la señora Nadal.
Yo soñaba con tenerla otra vez al menos por dos horas en una cama grande de sábanas limpias con sus lindos pies posados en mis hombros recibiendo una ración de amor puro y duro. Otras veces era más realista. Solamente deseaba que al menos durante sus escasos momentos de aburrimiento llegaran a su memoria nuestras citas y con una sonrisa pícara se preguntara “¿dónde estará mi negro a esta hora?”.
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