El repiqueteo metálico de las espadas al chocar hacia eco dentro de las cuatro paredes de la sala de entrenamiento. El frío predominaba en el exterior debido a la caída de la nieve desde la primera hora de la mañana; sin embargo, para el mago y su maestro, el calor de una buena sesión de aprendizaje físico les cosquilleaba por debajo de la piel.
—Za’ra…
El mago le llamó por su nombre luego de que tratara de asestarle una estocada en el estómago, pero Za’ra, el elfo que había sido su maestro desde un principio en el arte de lucha y defensa lo bloqueó gloriosamente.
—Za’ra, tengo que romper la promesa que te hice.
Luego de otro intento fallido, ambos continuaron sumergidos en la batalla con espadas. Los pies del elfo se movían con una rapidez impresionante mientras que los ataques de Micah eran cada vez más furiosos.
—¿Es por el vampiro? —preguntó al fin su maestro.
—Sí.
Za’ra no emitió otra palabra más. Micah quiso acercar el filo de su espada a su cuello, pero el elfo resultó ser más hábil y pronto lo dejó desarmado con la hoja de su arma contra la garganta.
—Si quisiera podría matarte ahora mismo —Za’ra le siseó cerca del oído—. Nunca pierdas la concentración o eso te costará la vida, mucho menos por amor.
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