Quiero mil caricias hasta que mi cuerpo duerma.
Deseo soñar con las bellas sonrisas de mis padres y abuelos por todas las eras.
Que mi voz se quede encadenada al silencio eterno.
Gritar con libertad que quiero vivir.
Pero a veces siento que todo se quedará en ilusión.
Divago dentro de mi cabeza sin rumbo mientras vivo las tardes difíciles.
Mi voz va desapareciendo con el paso de los días cuando la enfermedad me ataca.
Siento que la piel se cae a pedazos a causa de la resequedad provocada por la culpa.
Una culpa embustera cuando le permito entrar a mi mundo.
Y las sonrisas que amo, se van borrando poco a poco de mis recuerdos cuando no vivo mi tiempo por el temor.
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