¿Dónde te duele? – Susurró la sombra – ¿Acaso aquí, justo aquí, donde la herida se hace profunda?

Déjame ayudarte, puedo hacer la herida más grande o te puedo presentar la verdad y no hay nada más filoso que la verdad. ¿Quieres verla? – Si aceptas, prometo mostrártela completa –

Si me dices que sí, prometo dejarte ver la verdad completa.

  • Extendí mi mano. Le pedí que me dejara ver, oír y sentir la verdad. Caminé por azarosos caminos hasta llegar a una especie de abismo; allí con un solo movimiento de su mano se presentaron los eventos que mi mente susurraba en silencio, pero que mi corazón se negaba a creer.

Lo vi feliz, paseando por espesos bosques, sus labios se llenaban de promesas de amor y de poemas que para mí nunca cantó. Lo vi entregando las flores de su corazón, aquellas que para mi nunca florecieron. Lo vi entregando su alma por el amor que por primera vez decía sentir.

Primera vez…

Primera vez, primera vez cuando tocó mi piel y en la obscuridad de la noche susurró que era la primera vez que amaba, la primera vez que su pasión ardía de esa manera. La primera vez… Su “primera vez” fue la última para mí. Morí por la primera vez de ese bendito amor que mintió sentía por mí. Y me dejé morir, como muere la noche en manos del alba y supliqué al cielo que me hiciera olvidar para poder vivir, pero el cielo no respondió.

Entonces sonrió, terminó la verdad y con ella el aire que todavía quedaba en mí. Su mano se acercó a mi pecho y con cautela me arrancó el corazón y me dejó ser lo que quisiera ser y le pedí ser tormenta, olvido, odio y miedo.

  • Desde hoy – Sentencio la voz – Tu nombre es; Muerte

Mentiría si dijera que de esa pesadilla quería despertar, puesto que siendo el monstruo que fui me sentí a gusto. Despertar solo me hace recordar la traición.

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