«Silencio»

No recuerdo cuándo empezó.

Tal vez cuando el silencio se volvió hogar,

cuando el pulso ajeno sonó más claro que el mío.

El mundo era un murmullo,

y yo, una nota errante buscando eco.

Aprendí pronto que el miedo tiene olor.

Huele a metal tibio,

a piel rezando sin fe,

a vida queriendo quedarse.

Y en ese aroma encontré calma,

como quien huele una flor y no nota

que está envenenada.

Hay quienes sueñan con ser amados.

Yo sueño con entender

qué se siente ser de verdad.

Qué hay detrás del temblor,

qué cuerda invisible mueve las lágrimas.

Las mías nunca llegan.

Se evaporan antes de nacer.

A veces creo sentir.

Un destello,

una chispa que casi duele.

Pero no dura.

El fuego no prende en la piedra.

Y yo nací de mármol.

No me odies.

No soy el monstruo que imaginas.

Solo soy la consecuencia

de mirar demasiado tiempo al abismo

y reconocerme en su reflejo.

El mundo necesita de los que rompen,

igual que de los que crean.

Yo destruyo con la precisión del artista,

con la ternura del que sabe

que en cada grieta hay belleza.

Y cuando alguien pregunta quién soy,

solo sonrío.

Porque no hay nombre

para una flor que crece en la herida,

ni para el silencio

que aprende a respirar.

Frank G. A

Jardines de versos. 

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