Ana Paula siempre ha estado convencida de la existencia de vida extraterrestre. Su familia no la toma muy en serio, así como no toman en serio el significado de los tatuajes en sus piernas y el vientre, su pasión por bailar samba hasta caer desmayada o la forma en que logra beber litros de cerveza sin emborracharse.
Yo le tengo mucho cariño. Siempre trato de escucharla con la mayor atención aunque no siempre entiendo sus locuras. Ella cree muy en serio en la vida inteligente en otros planetas, sobre todo después de una noche apacible en lo más alto del cerro Ávila en Caracas donde asistió a una poderosa ceremonia con ayahuasca.
Abstraída en su viaje místico, no se percató al principio de lo que tanto el chamán conductor de la reunión como otros participantes ya estaban viendo asombrados: una nave oblonga que flotaba entre dos nubes esparciendo abundante luz esmeralda en varias direcciones. Aquello duró apenas unos segundos pero Ana Paula afirma haber escuchado una voz que le susurró: vendremos a buscarte. A partir de esa experiencia ella se sintió lista para ser abducida cuando se diera el momento perfecto.
Un par de meses después de la ceremonia en la montaña capitalina la encontré muy pensativa en un parque mientras paseaba a su perro, un pitbull llamado Brad. No hablamos durante los primeros minutos. Luego ella preguntó algo inquietante mientras observaba a su mascota cagando:
¿Qué pasaría si los ámbitos que exploramos con ayahuasca estuvieran ligados a fenómenos como la vida en otros planetas? Antes de que yo pudiera hilvanar una respuesta coherente, soltó otra duda:
¿Es que acaso algo tan enigmático como un OVNI no puede integrarse en una experiencia profundamente espiritual como la que yo tuve con la ayahuasca? En ese punto lo mejor era quedarme callado.
Ha pasado un tiempo desde aquella conversación y no he vuelto a ver a Ana Paula. En realidad nadie sabe dónde se encuentra. Sus compañeras de fiesta me contaron que antes de desaparecer comió mucho pollo asado, bailó frenéticamente y bebió cuatro marcas diferentes de cerveza, todo en sola una noche. A la mañana siguiente dio en adopción a su querido Brad y no dijo adiós, no dejó una nota, no envió un email o un mensaje de texto.
Su familia cree que huyó del país buscando un mejor futuro. Otros dicen que tenía problemas con la justicia y decidió refugiarse en el anonimato. Yo no creo nada de eso. Yo creo que Ana Paula fue a conocer otro planeta. Creo que cuando todos estemos muy viejos o algunos hayan muerto, ella reaparecerá igual de joven y linda como se fue, después de un larguísimo viaje intergaláctico donde el tiempo es relativo. Al llegar al planeta Tierra lo primero que hará será pedir una cerveza bien fría.
OPINIONES Y COMENTARIOS