La cueva de las loberas miraba obstinada el mar, mostraba su boca enorme, la que rebasaba ampliamente la de una ballena jorobada, el ingreso a su profunda garganta estuvo negada para todos, solo era posible visitarla en dos escenarios simultáneos, primero en marea baja, cuando apenas las olas lamían la entrada, la segunda condición unida a la primera, cuando el lobo gobernante estuviese ausente, esto sucedía en esos días calenturientos cuando apurado este vigoroso mamífero arreaba las hembras de su harem hacia las islas, para hacerles lo suyo. (fracción del cuento El embudo de hojalata)
(Otra fraccion)
Un año antes, cercada la plaza para una tarde de toros, se lanzó de espontáneo para intentar una suerte, costándole el atrevimiento la pérdida del testículo izquierdo y una semana prisionero de su cama, cosecha de la revolcada de cachos que le obsequió un torito ladino, lo sacaron a rastras con el pantalón sangrante, no fue ningún consuelo para él saber que no había sido la única sangre cedida en la arena. El día siguiente despertó con los cuernos al pie de su cama, eran del mismo toro, se los trajeron sus vecinos de la cuadra, una suerte de desagravio, pero no bien pudo pararse los enterró a dos metros bajo las dunas, zapateando sobre el entierro y echándole una veintena de carajos, amenazando a todos los toros del mundo fondear sus cachos en el fondo del infierno la siguiente vez, si se les ocurriese reclamar su testículo derecho.
(fracción del cuento El embudo de hojalata) Si les gustó, hagánmelo saber y estaré encantado de agregar el cuento completo.
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