Te extraño a ti, pero no a ti

Te extraño a ti, pero no a ti

Anónimo

16/03/2026

La primera vez que entendí que algo había cambiado fue una tarde cualquiera.

Estaba sentado en la misma cafetería donde solíamos pasar horas hablando de todo y de nada. La mesa de siempre seguía allí, junto a la ventana. Afuera llovía con esa calma triste que tienen algunas tardes, como si el cielo también estuviera recordando algo.

Pedí dos cafés por costumbre.

Cuando la mesera me miró confundida, recordé que ahora solo éramos uno.

Tomé la taza entre mis manos y el vapor subió lentamente, igual que los recuerdos. Y entonces volví a verte… o al menos a la versión de ti que vive en mi memoria.

La tú que reía fuerte sin importar quién mirara.

La tú que me tomaba del brazo al cruzar la calle.

La tú que decía que el mundo era más bonito cuando alguien te esperaba.

Esa tú… sí la extraño.

Pero mientras miraba la silla vacía frente a mí, también recordé la última vez que nos vimos.

Tu mirada ya no era la misma. Había algo distante, como si hablaras conmigo mientras tu mente estaba en otro lugar. Tus respuestas eran cortas. Tus silencios, demasiado largos.

—¿Estás bien? —te pregunté aquella noche.

Sonreíste, pero fue una sonrisa que no llegó a tus ojos.

Y ahí empezó todo.

Las conversaciones se volvieron más frías. Las promesas empezaron a sonar vacías. Y la persona que tenía frente a mí ya no parecía aquella de la que me había enamorado.

Recuerdo una escena muy clara.

Estábamos caminando por el parque donde nos dimos nuestro primer beso. Las hojas caían de los árboles y el suelo crujía bajo nuestros pasos. Antes habríamos corrido entre ellas, riendo como niños.

Pero esa vez caminábamos en silencio.

Yo hablaba intentando salvar algo que ya estaba roto.

Tú mirabas el teléfono.

Fue en ese momento cuando entendí algo que me dolió más que la despedida: ya no estaba contigo la misma persona.

Aquella noche te fuiste con un simple “cuídate”.

Ni siquiera hubo lágrimas.

Los días después fueron extraños. Mi mente viajaba constantemente al pasado: nuestras madrugadas hablando, tus bromas tontas, la forma en que me mirabas cuando creías que yo no me daba cuenta.

Y sí, lo admito.

Extraño todo eso.

Extraño a la mujer que me abrazaba cuando el mundo pesaba demasiado.

Extraño a la persona que me decía que todo iba a estar bien.

Pero no extraño a la última versión de ti.

No extraño tu indiferencia.

No extraño tus silencios incómodos.

No extraño sentir que luchaba solo por algo que antes era de los dos.

Hoy, sentado otra vez frente a esta ventana, lo entiendo mejor.

El amor no siempre termina cuando las personas se separan.

A veces termina cuando una de ellas cambia tanto… que deja de ser quien era.

Por eso, cuando alguien me pregunta si aún te extraño, siempre respondo lo mismo:

Sí.

Te extraño a ti.

Pero no a ti.

Porque la persona que amé todavía vive en mis recuerdos…

y la persona en la que te convertiste es alguien a quien ya no reconozco.

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