Ya no te veo como antes

No sé exactamente cuándo empezó a cambiar todo. No hubo una discusión grande, ni una despedida dramática, ni una traición que rompiera lo que éramos. Fue algo más silencioso, más lento… como una llama que se apaga sin que nadie se dé cuenta.

Antes, cuando te veía llegar, algo en mí se encendía. Era una mezcla de calma y emoción difícil de explicar. Sentía que el mundo se detenía un segundo solo para dejarnos existir en él. Tus palabras me parecían suficientes para alegrar un día entero, y tu presencia convertía cualquier lugar en un sitio especial.

Pero con el tiempo, algo empezó a moverse dentro de mí.

Al principio pensé que era cansancio, estrés o simplemente uno de esos momentos raros que pasan en todas las relaciones. Me repetía que el amor también tiene días grises, que no todo puede ser intensidad. Así que seguí ahí, intentando convencerme de que lo que sentía todavía estaba intacto.

Pero la verdad es que algo había cambiado.

Un día me di cuenta de que ya no esperaba tus mensajes con la misma ansiedad. Ya no revisaba el teléfono cada pocos minutos, ni me imaginaba mil conversaciones antes de verte. Era como si una parte de mí se hubiera acostumbrado demasiado a tu presencia… o tal vez se hubiera alejado sin avisar.

Lo más extraño es que tú seguías siendo la misma persona.

Seguías sonriendo de la misma manera, contando historias con el mismo entusiasmo, mirándome como si nada hubiera cambiado. Y ahí estaba el problema. Mientras tú me veías con los mismos ojos de siempre, yo comenzaba a mirarte de una forma distinta.

No era odio.

Tampoco era indiferencia total.

Era algo más triste que eso: era la sensación de que lo que una vez sentí con tanta fuerza ya no estaba en el mismo lugar dentro de mí.

Intenté ignorarlo. De verdad lo intenté. Quise obligarme a sentir lo mismo de antes, a revivir esos momentos en los que parecía imposible imaginar la vida sin ti. Pero los sentimientos no obedecen órdenes. No vuelven solo porque uno los extrañe.

A veces te miraba mientras hablabas y recordaba cuánto te quise. Recordaba las noches largas, las promesas, las risas que parecían infinitas. Y entonces entendía que el problema no era que nunca hubiera existido amor.

El problema era que el amor había cambiado.

Tal vez creció en direcciones distintas. Tal vez se cansó de sostener lo que éramos. O tal vez simplemente cumplió su tiempo sin que ninguno de los dos se diera cuenta.

Lo más difícil de todo esto no es dejar de amar.

Lo más difícil es aceptar que alguien que un día fue tu mundo… ahora es solo un recuerdo que todavía respira frente a ti.

Por eso hoy puedo decir algo que nunca pensé que saldría de mi boca.

No es que no te importe.

No es que te haya olvidado.

Es solo que, después de todo lo que fuimos, después de todo lo que vivimos… ya no te veo como antes.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS