Muerto de miedo

Quería darle una muerte rápida, pero una que le brindara la oportunidad de darse cuenta, de arrepentirse por lo que me hizo años atrás. Aunque ya sería muy tarde para suplicar perdón, pues el veneno correría por sus venas con la fluidez de un río furioso.

Me encantaba verlo sonreír con toda la tranquilidad del mundo. Ahí, sentado en mi sala, la ingenuidad que expelía cada poro de su piel me excitaba de tal forma que no resistí en aumentar la dosis sugerida de su medicamento. No conté la cantidad de gotas que vacié en el vaso con cerveza, simplemente lo mezclé con vehemencia y mostrando una sonrisa fui a su encuentro.

La música se escuchaba a un volumen alto, así me aseguraría de que sus gritos de auxilio se disiparan en cada nota del pentagrama, si es que lograba emitir sonido alguno. Mientras mis caderas ejecutan un baile sensual, le extendí el vaso mortífero y lo invité a beber. Sin embargo, no cedió tan fácil a mi pedido, por lo que tuve que montarme en su regazo y mientras continuaba bailando, le volví a ofrecer la cerveza.

Una sonrisa eufórica surcó mis labios al observar que la última gota desaparecía tras su lengua, ahora solo era cuestión de segundos. Fue entonces que comenzó a toser de forma incontrolada. Cayó del sillón y se estrelló contra el suelo, su mano se aferraba a su garganta mientras sus ojos desorbitados me miraban confundidos.

—¿Ahora quién es el muerto de miedo? —reí.

Etiquetas: venganza

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