Un vacio interminable, nublaba mis pensamientos. Era cansancio -pensaba- cansancio acumulado y atorado en mi. 

Podía ver a esa figura protegerme de nuevo, pero sin la calidez y sin la luz. Algo se estaba apagando en este momento y seguía sin entenderlo. ¿Qué son esas brisas frías ahora? Como encontrase en el desierto y padecerlo, repetidas veces. No había vagado por tantas ideas desde que me hundí. Esa vez, con el agua cubriendo todo mi cuerpo, no pensé en huir, pensé en dejar que me llevara y tal vez, con mucha suerte, me dejaría en algún buen lugar. 

Pero ahora sin donde ir, sin espacio para moverme, no quería hacer más nada. No pensaba en el dolor o el placer, solian combinarse, y me divertía pensar que todo dolor tiene una explicación y una herramienta para despistarlo. Pero ahora aquí sin forma de ocultarlo, se estaba desbordando, no me agobiaba. Era más bien, que descubría que no tenía la capacidad de sentirlo en absoluto. Tal vez, ocupó todos mis nervios o tal vez tanta arena me estaba haciendo perder la lucidez. 

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