Ese diálogo es una joyita del humor absurdo argentino, puro juego de palabras con el famoso refrán «el buey solo bien se lame» (o «buey suelto bien se lame»), que significa algo así como «mejor solo que mal acompañado» o «la libertad permite hacerse lo que uno quiere sin ataduras».

Lo que pasa acá es un malentendido fonético total: la persona (la santiagueña) escucha mal y cree que le dijeron «salame» (salame = salame, el embutido, pero en argento también «gil», «tonto»), cuando en realidad era el refrán «a buey solo bien se lame».

El diálogo va escalando en la confusión:

  • «A mí no me diga salame» → «¡No me llame salame!»
  • «Pero no te dije salame»
  • «Repítamelo, repítamelo»
  • «Yo lo dije, a buey solo bien ‘se lame'»
  • «Ahora me dice salame»
  • «¿No sabes lo que es un buey?»
  • «No, yo soy santiagueña»

Y el remate: la santiagueña se ofende porque interpreta todo como insulto personal, cuando en realidad es solo un refrán mal oído. El acento santiagueño (o el malentendido regional) suma al chiste, porque «se lame» suena parecido a «salame» si lo pronunciás rápido o con mala onda.

Es como un mini-sketch de comedia de enredos idiomáticos, tipo Les Luthiers pero más criollo y callejero:

«Esto es una genialidad.»

Solo a ni me pasan estas cosas.!!!

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