Desde pequeños hemos querido pertenecer a un espacio donde nos sintamos aceptados y amados tal como somos; poder ser auténticos, mostrar nuestras debilidades sin miedo, reír a carcajadas sin preocuparnos por el qué dirán y entender que los errores forman parte de la vida.

Sin embargo, muchos, por temor a quedarnos solos, preferimos ocultar quiénes somos en realidad y conformarnos con actuar como los demás, decir lo que el resto dice y comportarnos de cierta manera porque eso es lo “normal”.

A veces recordamos al compañero que, por ser diferente, fue rechazado, burlado o apartado del grupo. Pensar en vivir algo similar nos paraliza. Otros han tenido que borrar parte de su historia y esforzarse por convertirse en alguien distinto, solo para que nadie descubra lo que vivieron.

Crecemos con miedos y con la presión de aparentar normalidad, de no salir de ciertos protocolos, de no parecer extraños, porque sabemos que en cualquier momento podríamos ser objeto de burlas en el colegio o en el trabajo. Sin darnos cuenta, caemos en una trampa: ser auténticos se vuelve difícil. Queremos agradar, ser aceptados y elegidos, y algunos están dispuestos a hacer lo que sea por pertenecer a ese pequeño grupo que antes los ignoró.

Anhelamos ser escogidos y, para lograrlo, cambiamos, mentimos o actuamos de determinada forma para conseguir un puesto laboral, la atención de esa persona que idealizamos o la aprobación de ciertos amigos. Pero ¿has pensado cuánto has invertido en ti y cuánto te has esforzado para que otros te elijan? ¿Cuánta importancia has dado a la opinión ajena para sentirte aprobado?

¿Realmente necesitas esa validación?

Cuando no eres seleccionado, lo tomas de manera personal y crees que no hiciste lo suficiente. Sin embargo, vivir así agota, porque tu valor depende de la aceptación externa, y eso no es saludable. Si alguien no reconoce el potencial que hay en ti, es una limitación suya, no tuya.

¿Por qué te culpas tanto por no ser elegido?

Hay personas y oportunidades que, aunque te esfuerces al máximo, no serán para ti. No porque no seas suficiente, sino porque simplemente no están destinadas a tu camino.

Empieza a transformar tu mentalidad. Mírate más tiempo frente al espejo y acepta tanto tus fortalezas como tus debilidades. Deja de esconderte por temor a destacar. Permítete desarrollar tus talentos y mostrar quién eres sin depender de la aprobación ajena.

Debes escogerte primero. Elegir ser auténtico, aceptar tu personalidad, tus gustos y pasatiempos sin necesidad de adaptarlos a los de otros. Deja de postergarte. Cuida de ti, no por el qué dirán si subes o bajas de peso, sino para tener una mejor calidad de vida. Dedica tiempo a tu bienestar: salir, disfrutar una película, comprar algo que te guste, practicar la compasión y tratarte con amabilidad.

No podemos esperar que los demás nos valoren si nosotros no lo hacemos primero. Dejemos de compararnos en redes sociales y aprendamos a aceptar nuestra realidad. Nuestra historia es única y valiosa; no debemos verla desde el papel de víctimas, sino como personas que han superado desafíos. Si la vida fue difícil, con mayor razón mírate con orgullo, porque a pesar de todo, lo lograste.

Nos esforzamos tanto por ser aceptados y apreciados por los demás que olvidamos algo esencial:

YA SOMOS ESCOGIDOS.
YA ERES ELEGIDO.
YA ERES AMADO.

Mucho antes de nacer, Dios no solo nos creó como seres humanos; nos llamó para estar cerca de Él, conocerlo y heredar sus promesas. Para Dios no somos uno más: somos sus hijos, y ese valor es incalculable. Su amor tiene más peso que cualquier reconocimiento humano.

Deseamos ser vistos, tratados de manera especial y amados tal cual somos. Pero si te digo que ya eres elegido, que Dios te ha escogido para amarte y suplir todo lo que necesitas… que el Creador del universo te llamó por tu nombre…

¿Podrías aceptar esa verdad y recibir su amor?

Te invito a leer esta oración y, con la ayuda de Dios, aprender que somos escogidos por Él. Su amor nos enseña a valorarnos primero, a sanar la necesidad de aprobación externa y a vivir en descanso, siendo realmente auténticos.

Amén.

“No me eligieron ustedes a mí; yo los elegí a ustedes.” Juan 15:16

“Nos escogió en Él antes de la fundación del mundo… en amor nos predestinó para ser adoptados como hijos.” Efesios 1 4:5

“No temas, porque yo te redimí; te llamé por tu nombre; mío eres.” Isaías 43 :1

“Ustedes son linaje escogido… pueblo adquirido por Dios.” 1 Pedro 2:9

«El Señor te escogió para ser su pueblo especial.” Deuteronomio 7:6

“No temas… tú, a quien yo escogí.” Isaías 44:2

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS