Estoy sentada en este aula, rodeada de fantasmas del pasado y rostros conocidos.
La teoría se repite como un mantra: “estructura”, “argumento”, “tesis”.
Pero mi mente no obedece.
El eco de esta mañana irrumpe: tu cuerpo arrodillado, la piel húmeda, la mirada que me desafía y se entrega.
La norma se quiebra en silencio, la disciplina se disuelve en tu gesto.
El morbo crudo se convierte en pulsión eléctrica, urbana, que vacía el salón de clases.
Ellas discuten teoría.
Yo sostengo un examen secreto:
guardar tu recuerdo en mis manos,
sin que nadie lo advierta.
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