Camino por esta ciudad que huele a asfalto y lluvia, cargando una marea de contradicciones que no logro descifrar. Hay una nostalgia punzante y una felicidad extraña que solo tu presencia logra detonar; un cortocircuito emocional que ocurre cada vez que te veo.
Pero la mente tiene memoria propia. Es un malestar visceral saber que habitaste otros espacios, que fuiste territorio de quien una vez te hizo suya. Me dices que el ahora es distinto, que la piel ya no guarda esos ecos, pero la narrativa del desprecio es más fácil de escribir para quien no lleva la herida abierta.
Me encuentro en este limbo psicológico: la decepción y la alegría colisionando en un mismo pulso. Mi amor, que a veces se siente como chatarra oxidada entre luces de neón, sigue siendo ese motor que se resiste a ser olvido, aceptando que el dolor y el deseo pueden caminar por la misma acera
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