Capítulo 1: La chispa que no murió
La ciudad siempre creyó que el fuego solo destruye.
Pero nadie entendía que el fuego también sobrevive.
Marla no nació con poderes.
Nació con sensibilidad. Con preguntas. Con sueños más grandes que su entorno.
Y durante años, el mundo intentó apagarla.
Las burlas.
Los errores.
Las decepciones.
Las noches donde se sintió sola incluso estando rodeada.
Cada herida dejó una marca invisible en su pecho.
Hasta que una noche… todo cambió.
Era tarde. La ciudad estaba en silencio.
Marla caminaba sola, con pensamientos pesados, dudando de sí misma como tantas otras veces.
—¿Y si no soy suficiente? —susurró al viento.
En ese instante, algo ardió dentro de su pecho.
No era dolor.
Era calor.
La estrella apareció como una marca luminosa bajo su piel.
Primero fue pequeña.
Luego intensa.
Luego imposible de ignorar.
Sus manos comenzaron a brillar con un resplandor rojo intenso.
No era fuego que quemaba.
Era fuego que respondía a sus emociones.
Un recuerdo cruzó su mente:
Todos los momentos en los que pensó rendirse… pero no lo hizo.
La estrella explotó en luz.
El aire vibró.
Las farolas parpadearon.
El viento giró alrededor de ella como si reconociera algo antiguo despertando.
Una voz —no externa, sino interna— susurró:
«No eres débil. Eres energía contenida.»
Marla levantó la mano y una llama danzó en su palma.
No la quemaba.
La obedecía.
Y entonces lo entendió.
El fuego no venía de la rabia.
Venía de su resiliencia.
Cada lágrima que no la rompió.
Cada caída que no la detuvo.
Cada miedo que enfrentó aunque temblara.
La ciudad no sabía que esa noche había nacido algo nuevo.
No una heroína.
No una villana.
Algo más complejo.
Una fuerza que no permitiría que la oscuridad decidiera su destino.
Marla sonrió.
Sus ojos brillaron como brasas vivas.
Y susurró:
—Si el mundo quiere fuego… aprenderá que el mío no se apaga.
Las llamas se elevaron detrás de ella, formando alas ardientes en la noche.
La era de Corazón Ígneo acababa de comenzar.
Capítulo 2: El hombre que quería domar el fuego
La noticia no tardó en correr.
Videos borrosos.
Una figura entre llamas.
Ojos rojos en la oscuridad.
La ciudad empezó a llamarla amenaza.
Pero alguien más la llamó oportunidad.
El Dr. Gael Virex, científico brillante y obsesionado con la energía emocional, vio algo distinto en esas imágenes. No vio destrucción. Vio potencial.
—No es fuego común —susurró frente a la pantalla—. Es energía catalizada por trauma.
Mientras tanto, Marla luchaba por entender lo que había despertado.
Cada emoción intensa hacía que la estrella brillara.
Cuando recordaba el pasado… ardía.
Cuando dudaba… chispeaba.
Cuando respiraba profundo… el fuego se calmaba.
Pero aún no sabía controlarlo.
Esa noche, cuando una discusión interna la hizo sentir insegura otra vez, las llamas explotaron alrededor de ella.
Y ahí apareció él.
Drones negros rodearon el edificio donde estaba.
Luces frías apuntaron hacia su pecho.
Una voz metálica resonó:
—Marla. Sabemos lo que eres. Podemos ayudarte… o contenerte.
Ella sintió miedo.
La estrella brilló.
Fuego.
Los drones se derritieron en el aire.
El Dr. Virex observaba desde una sala oculta.
—Perfecto —sonrió—. Reacciona a la amenaza.
Pero algo no salió como esperaba.
Marla no atacó por rabia.
Respiró.
Y el fuego se concentró en su mano… compacto, controlado.
—No soy tu experimento —dijo con firmeza.
Y por primera vez, el científico sintió algo que no había previsto:
Ella no era inestable.
Era consciente.
Y eso la hacía mucho más peligrosa.
Capítulo 3: La grieta interior
El poder no desaparece cuando se gana una batalla.
Se queda.
Esa noche, Marla no pudo dormir.
La estrella seguía vibrando.
Había sentido algo nuevo:
no solo fuego.
Había sentido eco.
Como si alguien más estuviera conectado a su energía.
En un edificio abandonado, el Dr. Virex activó un dispositivo experimental: el Resonador Emocional.
—Si su poder nace del corazón… lo amplificaremos hasta que no pueda soportarlo.
Una onda invisible cruzó la ciudad.
Marla cayó de rodillas.
Recuerdos la golpearon.
Momentos de vergüenza.
Errores.
Pérdidas.
Soledad.
La estrella comenzó a parpadear violentamente.
Las llamas no eran rojas ahora.
Eran inestables. Oscuras.
Y por primera vez… el fuego la quemó.
No físicamente.
Internamente.
Una voz dentro de ella susurró:
«Si pierdes el control… te convertirás en aquello que temes.»
Ella apretó los puños.
Lágrimas mezcladas con luz roja.
—No —dijo entre dientes—. Yo no soy mi pasado.
El fuego explotó… pero esta vez no hacia afuera.
Hacia adentro.
Absorbió la onda del Resonador.
La estrella dejó de parpadear.
Y cambió.
Ahora brillaba más intensa… pero más profunda.
Más estable.
El Dr. Virex miró los datos en shock.
—Imposible… evolucionó.
Marla se puso de pie lentamente.
Sus ojos ya no eran solo brasas.
Eran decisión.
—Si quieren jugar con mi fuego… tendrán que aprender a arder conmigo.
Y así, la guerra dejó de ser accidental.
Ahora era personal.
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