Estar inmerso en soledad es fantástico.
Puedes caer en la tortura del temor,
y sucumbir a la desidia.
Subir escalones con valentía,
y dejar que el viento quite las lágrimas que recorren tu rostro.
Se trata de una incierta travesía,
por eso es necesario no olvidar lo que somos y qué decidimos ser.
Recordar el poder de las decisiones,
decisiones que nos deprimen o que nos permiten vivir miles de años.
Domar el miedo y aprender a volar.
Estar extasiado por la libertad o convertirte en un imitador más.
Puede desvanecerse el amor y la familia, más no la esencia.
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