Aún huele a pólvora de las guerras que he librado en mi pecho, siguen sonando tambores proclamando libertad a todo lo que me encadena.

Ya he cruzado fronteras, ahora soy forastera y no veo a nadie por ningún sitio.

La brisa del aire en mi cara me recuerda que los nuevos comienzos existen y que no desespera el que espera, sino aquel que baja los brazos y se entrega.

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