La Geografía de una Ausencia Universitaria

La Geografía de una Ausencia Universitaria

Sin Identidad

21/02/2026

La Geografía de una Ausencia Universitaria 

Estamos en la universidad, como siempre. Tú terminas primero el parcial y sales; yo me quedo a propósito, en un intento silencioso por probar si me esperarías o si te irías, buscando una señal de si realmente te importo. Y tuve que suponer lo de siempre, pero esta vez el paisaje cambió; no por el entorno, sino por el vacío de tu ausencia.

Bajar esas escalas de la U fue, esta vez, un ejercicio de resistencia física: el corazón encogido, las manos frías por el sudor y esa dilatación en la mirada que busca lo que ya no está. Como psicóloga, sé que el cuerpo no miente; la ansiedad de no encontrarte es la respuesta biológica a una esperanza que se resiste a morir. Me acerqué a las compañeras buscando una señal, fingiendo esa calma profesional que uno se impone para no desmoronarse frente a extraños. Por dentro, el grito era uno solo: solo quería saber de usted.

Caminé por la ruta del bus, esa que tantas veces recorrimos, con las manos en los bolsillos y el corazón —para qué adornarlo— hecho mierda. Hay una ética profunda en admitir cuando algo ya no tiene arreglo. Reconocer que me encuentro aquí, lamentando lo irreversible, no me quita el «blindaje»; me hace humana. Aceptar que el tiempo de nosotros se nos escapó entre trabajos de inglés y palabras no dichas es el primer paso para dejar de buscar señales en un camino que ya está solo.

                                                                                                                                     31.05.24

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