¿Simplemente Verdad?

Yo soy un político honrado. Yo soy una prostituta virgen.

Ambas frases exigen fe. No en quien las pronuncia, sino en el idioma. Porque el idioma, como la patria o el cuerpo, se ha vuelto un territorio negociable.

Decirse político honrado es postular una excepción; es afirmar que en el pantano puede crecer un lirio sin mancharse. El problema no es moral sino semántico: la palabra “honrado” ha sido usada tantas veces como coartada que ya no describe una virtud sino una estrategia. Quien la invoca, sospechamos, intenta fundar una isla en medio del descrédito. Pero toda isla necesita un océano que la justifique.

Decirse prostituta virgen es todavía más delicado. La frase parece imposible, pero tal vez no lo sea. Tal vez la virginidad no sea una condición del cuerpo sino una nostalgia del alma. Tal vez el comercio no siempre implique entrega. ¿No hay acaso quienes venden su tiempo sin conceder su intimidad? ¿No hay quienes negocian gestos y preservan secretos?

Ambas afirmaciones comparten una voluntad de pureza en territorios sospechados. Son desafíos a la estadística. No niegan el sistema; lo habitan como anomalías. Son, en el fondo, declaraciones de identidad que luchan contra la ironía colectiva.

Pero el mundo moderno es cruel con las excepciones. Prefiere el cinismo a la esperanza, la generalización al matiz. Por eso el político honrado deberá demostrarlo cada día, y la prostituta virgen deberá explicarlo cada noche.

Quizá el drama no esté en ellos sino en nosotros, que hemos decidido que ciertas palabras no pueden convivir. Que honestidad y poder se repelen. Que comercio y pureza se excluyen. Y sin embargo, el lenguaje —ese dios menor que nos gobierna— permite esas uniones imposibles.

Yo soy un político honrado. Yo soy una prostituta virgen.

Tal vez ambas frases no describan personas, sino aspiraciones. Tal vez no sean confesiones, sino actos de resistencia contra el descrédito universal.

O tal vez —y esto sería lo más inquietante— sean simplemente verdaderas.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS