Frío Desierto

   Esas Hermosas estrellas que brillan como fuegos ancestrales iluminando tenuamente una noche sin luna, un paraje familiar en el que me encuentro recostado. Esa luz fría, cada vez más fría pero que aún me maravilla con su brillo fulgurante. Cuántas veces he observado estas mismas constelaciones en mi niñez?

   Siento la brisa resbalando en mi barbilla, cada vez más fría, acariciando un rostro cada vez más pálido. Por mis mejillas se desliza una lágrima, que no se debe al dolor, sino al recuerdo y al presente. Una lágrima que trata de hacer justicia a un paisaje tan hermoso, uno que es terrible e injusto pero incapaz de ser despojado de su belleza y atractivo. Uno por el que los hombres han dado su vida y sus sueños. 

   Puedo verte en la sombra de la colina, detrás de cada arbusto leñoso y seco. Puedo distinguir tu silueta al Norte y al Sur, una figura fría, cada vez más fría, como un eco que se repite por todos lados y puedo escucharlo en la infinidad de la distancia, en lo profundo de la tierra. Ese palpito que se niega a dejarme aún ahora.

   Que dulce aroma de flores que emergen de noche escapando del calor insoportable del día. Aroma concentrado por el aire frio, cada vez más frío que se cuela por mis fosas nasales y llena mis pulmones.

   Fría es la piedra en la que me he recostado y apoyado mi cabeza para descansar, y extraño es que sea tan reconfortante. Más de lo que alguna vez ha vuelto a ser mi lecho después de ti.

   Fría se siente la daga en mi cuerpo y fría la sangre que se coaguló en el duro granito. Fría es la venganza, es la justicia una vez ajusticiada y fría son sus últimas consecuencias. Frío el último beso que te dí, fría fue la daga que blandi y la que recibí.

Frío será mi último aliento con el que diré… No te he olvidado mi Amor.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS