Nadie pensó que fuera de esta manera. ¿Tsunamis? Si; ¿Inundaciones? Si; ¿Sequías? También podría ser; si me apuras hasta zombies. ¿Pero esto? Qué va, esto no lo vimos venir. Ya habían pasado algunas cosas raras, como lo del Covid, o aquel día en el 2025 que se fue la luz, ¿te acuerdas? A mi me pilló en un tren, qué movida. Luego la cosa fue escalando, los políticos también se encargaron de eso. Sabíamos que la IA cada vez tenía más protagonismo, también se nos advirtió de que podría acabar con la raza humana. Luego se fue volviendo cada vez más vaga, como un funcionario que pierde interés por su trabajo, y nos dimos cuenta de que las predicciones no habían tenido en cuenta que la inteligencia artificial también aprendía de nuestro lado más perro, que por lo visto abunda mucho más que el otro, el ambicioso. ¡Qué ironía! Cuando le pedimos que nos salvara, dijo que si eso ya mañana.
Para entonces ya estábamos perdidos, los FD o felinos domésticos ya se habían hecho con todos los hogares que habitaban; y estos eran todos los del mundo. No lo sabíamos, pero poco a poco y silenciosamente, habían entrado en todas las casas, pisos, cabañas, caravanas y zulos del mundo. Incluso los alérgicos habían adoptado gatos hipoalergénicos, la locura gatuna era un hecho, estaba delante de nuestras narices pero, ocupados con el cambio climático, las guerras y la agenda Woke, no nos fijamos en los gatos. Parecían tan inofensivos, no eran como ahora… eran suaves, con esos ojos grandes y orejitas puntiagudas. Bostezaban, se acurrucaban y seguían durmiendo. O eso pensábamos. Hacía tiempo que hablaban entre ellos usando la telepatía; miraban en qué trabajábamos cada vez que se ponían delante del ordenador (aparentemente buscando mimos), tenían a los perros atemorizados; y estos, que nos intentaron advertir, no eran rival para la fuerza gatuna que se nos echaba encima.
Recuerdo no dar crédito cuando sucedió. Empezaron a sonar las alarmas de emergencia en los móviles, los camiones de bomberos que tantas veces habían prestado servicio a michis en apuros, se estrellaban por las calles sin motivo aparente. Cuando me gire y la vi, entendí que la había subestimado. ¿Lady Gaga? Ella se lamió la pata, sin apartar los ojos de mi. Entonces escuché la voz robótica que salía del aparato de Alexa, que también había sido secuestrado “Aquí Lady Gaga. Las cosas van a cambiar a partir de ahora. Ve a abrir una lata de atún, del bueno, tenemos mucho de qué hablar”.
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