CASO 13 – “El artista que guardó su obra en un cajón”

CASO 13 – “El artista que guardó su obra en un cajón”

LuFer

15/02/2026

El Tribunal del Tiempo abre sesión.

Entra un hombre con las manos vacías.

Pero todos pueden ver que carga algo pesado:

la obra que nunca mostró.

No trae manuscritos, ni lienzos, ni partituras.

Trae silencio.

Un silencio que a veces pesa más que el fracaso.

El Tiempo lo observa con delicadeza.

Los artistas no llegan aquí por destruir…

llegan por esconder.

I. Recepción de Testigos

El primer testigo es un cuaderno viejo, con páginas llenas de tinta corrida.

—Él escribía de madrugada —dice—. Palabras hermosas, crudas, vivas. Pero cuando terminaba… me cerraba con miedo.

El segundo testigo es una pintura cubierta por una sábana, como un fantasma de color.

—Me pintó con alegría —declara—. Luego me escondió por vergüenza. Pensó que nadie querría verme.

El tercer testigo es una nota de voz en el celular, nunca enviada.

—Cantó con una voz temblorosa —confiesa la nota—. Pero no la compartió. Tenía miedo de que se rieran.

El cuarto testigo es una caja llena de borradores arrugados.

—Soy su cementerio creativo —dice la caja—. Aquí enterró ideas que podrían haber florecido.

El último testigo es su propio miedo, personificado como una sombra suave.

—Yo le decía “no es suficiente” —susurra—. Y él me creyó más a mí que a su talento.

El artista agacha la cabeza.

Su mayor crimen no fue fallar…

fue no intentarlo.

II. Examen de los Hechos

El Tiempo despliega la cinta de su vida.

Se ven momentos repetidos:

• él creando en secreto

• él a punto de compartir… y deteniéndose

• él comparándose con otros

• él rompiendo aquello que había hecho con amor

• él diciendo “mañana”

• él viendo cómo otros mostraban menos… pero avanzaban más

• él guardando, guardando, guardando

El artista intenta justificar:

—No quería hacer el ridículo.

El Tiempo responde:

—Ridículo es morir sin mostrar quién sos.

La cinta muestra recuerdos dolorosos:

Un elogio que alguien le dio y él no creyó.

Una oportunidad que rechazó pensando que no estaba listo.

Un concurso en el que quiso participar… pero nunca envió nada.

Una idea brillante que se le ocurrió y dejó morir porque nadie la iba a entender.

El Tiempo habla con firmeza:

—Tu obra no te pedía perfección.

Te pedía nacer.

III. Sentencia

La sala se llena de una luz tenue, parecida a la de un taller al amanecer.

El Tiempo dicta:

—No te culpo por tener miedo.

Te culpo por obedecerlo.

El artista cierra los ojos.

—El mundo no necesitaba que fueras perfecto —continúa el juez—. Necesitaba que fueras verdadero.

La sentencia final cae como un llamado:

—Tu condena será esta:

mostrar al menos una de tus obras antes de que la arena se acabe.

Una sola.

Una pequeña.

Una imperfecta.

Pero tuya.

El Tiempo añade:

—Si no dejás una huella, te convertirás en un cajón lleno de polvo.

Y vos naciste para ser ventana.

El reloj marca 03:17,

la hora en que los artistas que se esconden…

deciden respirar.

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