El cuento de la buena pepa

El cuento de la buena pepa

Agobiado por los problemas cotidianos y pensando trivialidades sin sentido, sumaba pasos en mi travesía diaria, agregaba momentos vacíos a mi rutina, mirando sin ver y escuchando sin oir aceleraba mi andar sin percatarme que se cruzaba en mi camino una niña que arrastraba una pesada bolsa. Logro no chocarme con ella haciendo un ademan digno de un malabarista cirquero pero no puedo evitar que su bolsa caiga sin remedio al piso. Siento en ese momento la necesidad de socorrerla, de aliviar su carga, proponiéndole acompañarla hasta su destino ayudándola en esa dura labor. La niña acepta mi colaboración de buen grado y me expresa que se dirigía al bar de su padre, en el que diariamente colaboraba en estas tareas, entre otras tanto más duras para un cuerpito tan débil y frágil.

En el corto trayecto hasta el bar, le pregunto por qué no la ayudaba un pariente con esa dura tarea y me comenta que no tiene madre, que su padre trabajaba todo el día y que su hermano vivía abrazado a una botella, por ese motivo ella sentía su obligación como hija de realizarlas. Llegamos al bar y me despido con un tierno abrazo, la niña me agradece el pequeño gesto dándome una galletita horneada por ella, agregando el siguiente comentario con una enorme sonrisa y una mirada chispeante: ”espero algún día poder hacerle muchas de estas galletitas a mis hijos”...así será!!! le digo con seguridad…y me alejo observando a la pequeña niña como arrastraba la pesada bolsa hacia adentro del bar mostrando la fortaleza de todo un gigante y la entereza de alguien que lucha por sus convicciones y principios.

Pasaron los días, no sé cuántos con exactitud, pero en otra jornada colmada de los mismos pensamientos cotidianos sin sentido, vuelvo a cruzarme a la dulce niña, ya no estaba arrastrando pesadas bolsas y tenía un cuaderno en su mano. Le pregunto a dónde vas con tanta prisa y entusiasmo…voy a la escuela, me dijo con mucha alegría, y allí comprendí que nunca más cargaría esas pesadas bolsas de desamor y amargos recuerdos. En definitiva la vida se asemejaba a una pepa….podrás esmerarte en hacerlas de manera circular y perfectas pero siempre tendrán una forma imperfecta, (nadie la tiene redonda) pero vale la pena cocinarlas con esfuerzo para luego repartirlas a tus seres amados.

Etiquetas: pepa niña pobreza

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