Uno de los dos

Solo uno de los dos tenía que estar de rodillas con una sola petición

Mientras que el dolor se volvía terquedad, solo uno de los dos se quedaba esperando rosas rojas de alguien de quien no esperaba recibirlas nunca.

Cuando la herida profunda se formaba, solo uno de los dos sabia como funcionaban las mentiras, proclamando promesas vacías.

Un adiós tan insólito se escuchaba y sólo uno de los dos cuestionaba el amor tan profundo que jamás tuvo nunca.

Ante el abandono, la pérdida y la persecución,

todo transcurrió muy rápido, decisiones que colgaban de un lado.

Solo uno cargaba una suplica.

Solo uno de los dos estuvo de rodillas con una sola petición

y recuerdo perfectamente haber sido yo.

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