No entiendo tus versos,
sí el estribillo de las horas,
y su virtual tartamudeo de segundos y minutos.
No comprendo tus inviernos,
Sí a las dunas y su etérea ingravidez
de pensamientos dorados.
Mi corazón desvaría.
Hoy soy rutina,
mañana tal vez,
tedioso ritual para siempre.
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