Todos los días viene la muerte.
Ruega por llevarse mi sed.
Una sed insatisfecha.
Amante de huesos y sangre.
Me he quedado a la espera,
pero no quiero ir con ella.
Es mi sentencia inamovible.
Lo respeto, pero continúa sin agradarme.
Le temo a la muerte, a sus penumbras
y al afán tan persistente por invadir mi realidad.
Su fanfarrona sonrisa de victoria.
La detesto, pero no seré grosero con ella.
Al final, viviremos en los mismos senderos.
Y tal vez, me toque compartir oficios.
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