Lo que nadie ve de ella

Saludé a casi todas, salvo a una gordita que realmente no era amiga mía. No leí el libro; leer no es lo mío. Por más morboso que fuera, no aguanto ni cinco minutos leyendo. Voy a esas cosas por la chorcha. Y ese día lo necesitaba más que nunca. Tanto, que ni siquiera las dejé empezar con lo de la novela cuando estallé:

—¡Odio a mi suegra!

Mis amigas se miraron entre ellas sin decir palabra, y la gordita me recorrió de arriba abajo, como si hubiera dicho algo tan obsceno como su vestido.

—Y ella me odia —de la rabia brotó el llanto—.

De inmediato me consolaron, incluso la gordita. Me rogaron que lo soltara todo:

—He hecho todo para ganármela y ella me desprecia. Le mandamos flores en su cumpleaños. Le regalamos un colchón cuando salió de urgencias. ¿Y saben qué me dijo, así, cenando en su casa? Que se siente despreciada porque no le tomaron fotos a ella ni a mis cuñados en mi boda, ¡como si fuera su día! ¡La ridícula! ¿Y saben qué creo? Seguro es así conmigo porque quería una nuera güerita, blanquita, de ojos azules, no a una como yo, «color cartón». No lo dice, pero es obvio. ¡Si vieran el asco con que me mira! Pero esto no es lo peor.

»—Carlos y yo fuimos a una reunión de amigos. Lo de siempre: negocios, viajes, propiedades, pádel. Como hemos tenido muchos gastos, le dije que quería hablar con su mamá sobre el negocio familiar. Me pidió que no lo hiciera, que estaba tomada. Por Dios, una cerveza. En fin, la llamé y, súper amable, le pregunté cuándo me van a integrar a la empresa, pues ya somos familia. Y me dijo: «¿Qué te pasa, estúpida? La empresa es de mis hijos, no tuya. Nunca va a estar a tu nombre. Lagartona».

»—Maldita vieja. ¿Cree que me casé con Carlos por su dinero, que soy una interesada?

»—Antes de venir al bookclub discutí con Carlos. Le dije todo lo que pensaba de su mamá. Que, aunque le tengo cariño (porque, sí, nos ha ayudado: pagó casi toda la boda, consiguió el departamento), no puedo tener a alguien como ella en mi vida. Por eso debemos evitarla, reducir al mínimo las visitas. Si tiene que alejarse de sus hermanos, lo siento, cariño, así tiene que ser. Pues, cuando te casas, tu esposa es tu única familia. Rezongó al principio, pero terminó por darme toda la razón. 

Mis amigas me consolaron y me dijeron que tenía razón. Hasta aquella morsa. Por cierto, amiga, ¿no quieres unirte al club? Esa pinche gorda siempre tiene una cara de pocas amigas. A nadie le cae. ¿Para qué vas al bookclub si vas a andar de mamona? Nos mira como si fuéramos pendejas. Amiga, si te metes, le quitas el cupo. Ni tienes que leer, es puro pretexto para chismear.

Pero, en fin. Gracias a Dios tengo a mis amigas y a mi marido.

Mi suegra me marca de vez en cuando para disculparse; quiere reparar lo que para mí está inevitablemente roto. Hay ciertas cosas que el tiempo no puede sanar.

Ella empezó todo esto, yo lo terminaré.

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