Mis dedos en lo mas lejos de mis brazos,
se mueven sin una dirección precisa.
Cansados, a ciegas,
sin nada que tocar, bostezan.
Se desvanece el tacto de mis labios,
la blanda lengua a penas cala sus grietas.
La sal mojada, languidece
entre el abreviado abismo y mi mirada quieta.
Y en el final de mi cara, mucho antes,
mi barbilla seca.
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