Poco a poco regreso a mí.

Recojo mis fragmentos, mis memorias, mi esencia.

La energía vuelve, la fuerza se asienta,

y mi espíritu recuerda quién es.

Permito que mi verdad interior se manifieste,

sin miedo y sin máscaras.

Honro mi cuerpo como templo

y fortalezco mi espíritu como fundamento.

Reconozco mi valor.

Entiendo que no soy para todos

y acepto esa verdad con paz.

Mi presencia es un privilegio,

no una necesidad que deba explicarse.

Entrego mi confianza solo a quienes

la honran con hechos y coherencia.

Mi respeto no se pide: se gana.

Camino mi sendero con conciencia.

A veces en soledad, a veces acompañado,

pero siempre fiel a mí.

Este camino es sagrado

y lo defiendo con límites, con silencio

y con decisión.

Acepto la muerte como maestra

y a la vida como disciplina.

Nada termina: todo se transforma.

Hoy declaro que el velo se disipa.

Lo que nubló mi visión pierde poder.

El camino se aclara

porque yo me he aclarado por dentro.

Sigo adelante.

Presente.

Íntegro.

Despierto.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS