“Ofrenda a nuestro amor”
le puse una ofrenda a nuestro amor,
le puse siete niveles como lo dicta la tradición.
empecé a planearla cuando aquella tarde firmaste en mi pecho
el epitafio de nuestro amor.
cada nivel nos conecta,
pero también me recuerda que ya no estás:
los chistes, las historias, los sueños,
las promesas que murieron con el tiempo.
hay un cenotafio en la banca del parque
donde inició nuestra historia,
con letras blancas está marcada la fecha de inicio,
pero ¿cómo ponerle fin
si por el silencio de tu partida aún vaga mi alma rota?
prometí no hablarte,
no llamarte,
no escribirte,
pero hoy, hoy también te extraño,
y es extraño
que hoy un extraño reciba tus “te extraño”.
puse tus fotos junto a las velas,
por si la luz les recuerda el camino,
por si el viento sopla tu nombre
y lo trae de regreso conmigo.
quise orar, pero me salió un grito,
quise olvidar, pero el olvido me olvidó primero,
quise cerrar los ojos
y aún te vi detrás de mis párpados,
viva, ruidosa, eterna.
le puse una ofrenda a nuestro amor,
y cuando el humo subió al cielo,
te imaginé allá arriba,
riendo de mi fe en lo eterno,
de mi intento de retenerte con papel picado y cempasúchil.
la vela se apagó sin avisar,
el incienso se consumió en su propio llanto,
y en ese instante entendí…
que no habías muerto tú.
era yo,
repitiendo tu nombre,
una y otra v
ez,
como si eso bastara
para resucitar el amor.
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