¿Qué era un hombre, si no un niño pequeño? ¿Qué era un niño, si no el adulto que nunca maduró?
Hace mucho tiempo, existió un Jhon Doe, un niño sin rostro que fue olvidado por su pueblo, quién había nacido de la oscuridad de este mismo y abandonado de la misma forma, un niño que no nació de una madre, si no que de las sombras fúnebres y el silencio doloroso. ¿Y que era este niño su no un monstruo? Una amalgama de males no deseados.
No querido, indeseado, muerto
Un cadáver putrefacto que parecía observar como el mundo que él tanto amo, lo olvidaba, como su rostro cada vez más borroso dejaba de existir, como los susurros de su nombre eran reemplazados por una nueva palabra.
“Jhon Doe.”
Quizá fue anhelo, quizá fue envidia, quizá la necesidad de aferrarse a algo, de deshacerse del vacío de su pecho que aumentaba cada vez que pasaba el tiempo, quería ser recordado, quería vivir.
Quería recordar.
¿Quién era realmente Jhon Doe? ¿Es Jhon Doe un anhelo, un nombre, un hombre? ¿O era un niño muerto, un alma en pena buscando su regreso? ¿Era su identidad su propia creación, o las expectativas del mundo del cuál no puede deshacerse?
Consumido por el vacío y aterrado de una vida que no quiere, tené recordar quién fue. Quiere ser alguien tan desesperadamente que tomaría hasta un nombre sin vida para volver a ser alguien, porque el niño sin rostro, sin nombre y sin voz era un espíritu aterrado del qué fue, del qué será y de qué es.
¿Qué te hace humano, Jhon Doe? ¿Qué te hace ser una persona? ¿Son tus manos frías y ojos sin memoria? ¿Son tus acciones distantes y el olvido del mundo?
¿O es tu amor por este?
Aferrado a la vida, sin memoria de su presente o pasado, sin querer recordar, eres un alma llorando por un cuerpo humano, eres un alma llorando por pertenecer a algo, un ser inmortal que desea la humanidad y sensibilidad, que desea volver al mundo sensible y es forzado a quedarse en el mundo perfecto.
Un alma abandonada y solitaria que solo sentía rabia y quería sentir esperanza. Que amaba al mundo que lo abandonó y necesito un hilo de esperanza que lo trajera de vuelta, quién se miraba al espejo y no se reconocía, se había vuelto tan ajeno a si mismo que ya no había rastro de quién fue.
Mil veces podría preguntarse quién es, mil veces la respuesta sería “Jhon Doe”, ¿Pero qué te hace un Jhon Doe? Si te has perdido para ti mismo pero sigues visible para los demás, si tu vida ha sido arrancada pero tu corazón aún late y tus pulmones aún respiran.
Cuando el espejo se voltea y lo único que ves es a un niño en los zapatos de un adulto que no sabe controlar su vida. Un adulto que aún es un niño en esencia y no sabe tomar decisiones, y no sabe manejar sus emociones y no sabe vivir. ¿Qué queda para él? ¿Qué queda para un ser que solo ve líneas borrosas entre el mundo sensible y el mundo perfecto?
¿Es el alma lo que nos hace humanos o es el cuerpo? ¿Qué significa la humanidad para un ser así? Cuando no puedes mirar tu reflejo porque has olvidado tu rostro y ninguna pieza encaja en la imagen que los demás crearon, ¿Qué queda para ti?
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