Ya no estoy secuestrado en ti,

hoy comienza el pasado mío

que al fin guardaré, en un cofre ordinario.

Ya no tengo que salir de tu vientre cada día,

haciendo aguas,

pálido, delgado y ensangrentado,

solo, con mi llanto de gato en celo,

las patas mojadas,

escondido debajo de un coche negro.

Ya no tengo que inventarme una ciudad,

con un santo de piedra,

en lo más alto de una cumbre,

con los brazos abiertos,

mirando con sus ojos de concreto,

hacia dónde caerá, cuando sepa que está muerto.

Ni dormiré casi en el suelo,

sobre un encaje mustio,

contemplando por la mañana,

un sol decadente,

que yo creía, confiado,

que doraba mis horizontes.

¡Hoy ya no!

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS