Fue un día muy caótico, o así lo recuerdo, lo había pensado tiempo atrás pero no era capaz de gesticularlo hasta aquel día. «Renuncio», era todo lo que tenía que decir y me costaba porque me acostumbre a un sitio, a un trato, a ciertas personas, y a la comodidad de dejar de aprender algo nuevo.
Pero aun en ese día, donde tenía sentimientos encontrados el día no se terminaba hasta que bajando de la oficina en donde todo empezó y después de dejar mi renuncia firmada me encontré con una compañera de trabajo asustada por la impotencia de poder ayudar a un pajarito pequeño que, por curiosidad, quiero pensar así, entro al edificio por la puerta y no sabía por dónde salir.
De algún modo la vida en su forma más natural o mi cerebro reforzando mi ambiente y situación actual reforzaba que así me sentía, sabia por dónde entre y por donde era la salida, pero como aquel pajarito me aferraba a buscar otra salida.
Y en efecto frente al sufrimiento de otro, no dude en ayudarlo. Por más que trate de sujetarlo y no espantarlo era demasiado tarde, él se asustó aun sin tener la intención de lastimarlo, sintió mis dedos sobre su cuerpo y con el último aliento que le quedo aleteo como pudo y salió del balcón por el que estaba tratando de escapar y descendió apresurado la gradas.
Sin darse cuenta esta maniobra solo hizo que chocara tan fuerte con la estructura del techo que su patita derecha se lastimo y el choque hizo que cayera al suelo. Agitado, sin fuerzas para mover las alas, con la patita encogida y casi sin aliento se quedó en el suelo.
Lo miramos con mi compañera y corrí a levantarlo, estaba indefenso. Y el susto de verlo caer fue mi despertar a la realidad, había estado de la misma manera aleteando todo el tiempo.
El corazón no me daba solo para sacarlo y dejarlo fuera, lo único que se me ocurrió fue darle agua, así que corriendo hasta los baños me acerque al lavabo y refresque con mucho cuidado su pico, aun lo recuerdo como si hubiera sido hace pocos minutos.
Y mientras más pasaba el tiempo, más semejanza encontraba entre el pajarito y yo, a quien estaba esperando para que me sacara de un ambiente al que sentía ya no pertenecer me preguntaba, quien sería capaz de darme la mano, quien sería la persona que me diese agua para retener el susto o ansiedad que empecé a sentir, nadie me respondí yo misma.
Nadie es responsable de cómo me sentía y las decisiones que había tomado, los tantos si, y no que nunca dije en su momento me habían llevado a estar en esa situación.
Con cuidado y hasta que el corazón de que ser regresara a su normalidad lo acompañe y fui hasta el lugar más cercano a dejarlo bajo la sombra, asegurándome de que nadie pudiera hacerle daño, y tras recuperarse pudiese regresar a su hogar.
El día termino, no sé qué paso con él solo sé que mi niña interior sintió paz al ayudarlo, pero yo salí de aquel sitio y por la noche pude ver las estrellas en el cielo. Suena algo cursi desde luego, pero hace mucho tiempo había dejado de detenerme y alzar la cabeza para contemplar la grandeza a mi alrededor.
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