Los repartidores de respuestas

Los repartidores de respuestas

Sergio Solis

24/01/2026

Es común que en cada barrio haya un zapatero, un diariero, un par de almaceneros, carniceros, carpinteros, herreros y demás. En San Antonio de Padua se pueden encontrar todos estos personajes y algunos más que no existen en otras ciudades, de hecho, solo aquí conozco de su existencia y esta historia de ellos trata, los repartidores de respuestas.

Cuenta el boca a boca que estas figuras ya no circulan por las calles Noguera, Ayacucho e Italia pero si de que alguna vez lo hicieron e incluso muchos se jactan de haber recibido respuestas de parte de ellos, que por cierto, no siempre eran acertadas.

El inicio se remonta al cansancio y agotamiento de los comerciantes del triangulo comercial a responder de manera constante las preguntas que visitantes y vecinos de San Antonio de Padua formulaban sin sofocación. En una reunión realizada en una rotonda oculta cerca de la iglesia, a la que sólo se accede por la calle Scalabrini Ortiz, treinta y seis comerciantes llegaron a un acuerdo y decidieron contratar a 9 intelectuales del lugar quienes ocuparían las tres esquinas principales en tres turnos de ocho horas para tratar de evitar las preguntas que caían como granizo cada vez que alguna vieja aparecía como nube.

Con un chaleco naranja que decía “PREGUNTAS” y una lata a sus pies que decía “PROPINAS” estos nuevos próceres del barrio respondían una pregunta tras otra.

Al principio era la solución a los problemas, pero con el tiempo las viejas iban a preguntar recetas de cocina, los escolares preguntaban cosas de la tarea, las chusmas de la esquina querían saber sobre la vida intima de la de enfrente, el viejo que se la daba de intelectual que hacía preguntas filosóficas sin fin, la paranoica que quería saber si el marido la cuerneaba, la religiosa que consultaba sobre la existencia de dios, el burrero que quería saber que caballo iba a ganar el turf, el nene de 4 años con sus ¿Por Qué? Y el jodido que preguntaba ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? terminaron haciendo de este un servicio lento y tedioso. Muchas veces se formaban largas filas y al llegar adelante la gente ya se había olvidado lo que iba a preguntar.

La mayoría de las veces sabían las respuestas y en caso de no saberlas las inventaban. La gente se iba siempre satisfecha y les tiraban un peso para la birra. Con el éxito el negocio se amplió y se contrataron Sherpas para llevar a las personas que querían saber cómo llegar a X lugar, pero esa será otra historia.

Se cree que sus servicios no duraron más de 11 meses. Sus sombras se esfumaron de las veredas como se esfuma el tema del verano de las radios en invierno. Algunos creen que fueron seducidos por “las equilibristas de Vergara”, caminaron tras ellas y se perdieron por las laberínticas curvas de las calles Lavallol de Acosta y Masa, otros creen que “Los perros de la impuntualidad” siguen ladrando en sus techos y les impiden dormir para volver a sus puestos al día siguiente. Yo, por mi parte, me niego a creer que estén perdidos, ya que hubieran sido encontrados por los Sherpas, lo que sí creo es que no encontraron respuestas a ciertas preguntas y están encerrados buscandolas o escondidos ante la humillación de la ignorancia.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS