DOMINIO DIAFRAGMENTADO

DOMINIO DIAFRAGMENTADO

fran

22/01/2026

La nave de exploración “Zier” surcaba el vacío espacio con la fluidez de un pez en el agua. Bajo el mando de la capitana Eliana Vosse, la tripulación estaba acostumbrada a los misterios del cosmos, pero aquel día enfrentarían algo que desafiaría su comprensión del universo. Mientras exploraban un sector inexplorado, los sensores captaron una anomalía. Se trataba de un vórtice de energía oscilante, que emitía pulsaciones en una frecuencia desconocida. Eliana ordenó un análisis detallado. El teniente Riel, oficial de ciencias, frunció el ceño al observar los datos.

—“Capitana, esta anomalía no sigue patrones naturales. Es como si…”— hizo una pausa, el asombro reflejado en su rostro —“ …nos estuviera observando”.

Antes de que pudieran reaccionar, una potente oleada de energía envolvió a la nave. Luces destellaron en el puente de mando como si fuera un árbol navideño; los controles se tornaron inestables. Apenas los oficiales en el puente lograron manejar sus tableros; un zumbido agudo llenó el aire. La Zier se precipitó hacia el vórtice que surgió de improviso y, en un instante, desaparecieron de la realidad conocida.

Cuando la tripulación recuperó el control, lo que vieron en la pantalla principal los dejó atónitos. Ya no estaban en su universo. Frente a ellos, el espacio estaba fragmentado en secciones de distintos colores y texturas, como si fueran piezas de un rompecabezas encajadas de manera caótica. La observación astronómica de la nave había revelado planetas en posiciones imposibles, lunas que orbitaban a velocidades ilógicas y estrellas que titilaban como si estuvieran atrapadas en un bucle temporal.

—“Oh, Dios mío…” —murmuró el ingeniero jefe Darrin, su voz llena de incredulidad.

Eliana, como toda dama, recobra la compostura y ordena un escaneo completo. La información que recibieron era igual de desconcertante: la Zier estaba en un espacio interdimensional, una convergencia de realidades, algo que solo los científicos del siglo XXI teorizaban; ahora era la realidad de los tripulantes de la astronave de exploración. Posteriormente, un análisis del teniente Riel determina que la naturaleza anormal de esta dimensión puede afectar el cuerpo humano y recomienda: —“Tenemos que encontrar una salida antes de que nuestra estructura molecular se desestabilice”. —Lo señaló, mientras observaba cómo las lecturas de energía fluctuaban peligrosamente; como todo hombre de ciencia, sustentaba esta afirmación con pruebas. Pero la anomalía no era solo un fenómeno natural. Algo más habitaba en aquel lugar. Desde las sombras del vértice, apareció una flota de naves extrañas, con diseños asimétricos y materiales que parecían fusionarse con el entorno. Una transmisión en un idioma incomprensible llegó a bordo de la Zier. Al principio, la computadora tuvo problemas para modular correctamente la matriz de traducción hasta que insertaron unos algoritmos que solucionaron el problema. Cuando eso pasó, se escuchó lo siguiente por los altoparlantes de la nave:

—“Forasteros… han entrado en el Dominio Fragmentado. Aquí, las reglas del tiempo y el espacio no les pertenecen. No hay retorno. Ríndanse a la entropía”.

El mensaje, aunque era claramente en español, empezó a carecer de sentido, pero en las presentes condiciones se podía entender que aquellos seres no les permitirían salir con facilidad.

Con inteligencia y determinación, Eliana y su tripulación debían encontrar la clave para regresar a su realidad antes de quedar atrapados para siempre en un cosmos fracturado. Y mientras las naves enemigas se acercaban, la capitana tomó una decisión.

—“Si este lugar es un rompecabezas de realidades… entonces hay una forma de reordenarlo. Riel, Darrin, prepárense. Vamos a abrir nuestro propio camino de regreso”.

Eliana se aferró al reposabrazos de su asiento mientras las naves desconocidas cerraban la distancia. Sus siluetas eran inquietantes: estructuras angulosas que parecían alterarse con cada instante, como si no fueran completamente sólidas en aquella dimensión inestable.

—“Darrin, redirige la energía a los escudos. No sabemos de lo que son capaces”.

El ingeniero jefe asintió y sus dedos danzaron sobre la consola de control.

—“Intentando estabilizar las frecuencias de los escudos para adaptarlas a este entorno” —respondió—, “es como tratar de equilibrar un barco en una tormenta cuántica”.

Mientras tanto, Riel trabajaba en los cálculos para crear el mismo vórtice que los trajo a la convergencia de realidades.

—“Capitana, he encontrado algo” —dijo con urgencia—. El espacio aquí no es solo una anomalía, es una especie de interfaz entre múltiples dimensiones. Si logramos sincronizar nuestra frecuencia con el punto exacto en el que entramos, podríamos abrir una salida.

Eliana se giró hacia él con los ojos afilados por la determinación.

—“¿Cómo lo hacemos?”

Antes de que Riel pudiera responder, la primera de las naves alienígenas abrió fuego. Un rayo de energía retorcida impactó contra la Zier, haciendo que la nave se tambaleara. Los sistemas parpadearon y Darrin gritó una advertencia.

—“¡Los escudos están fallando! ¡Ese ataque no solo daña nuestra estructura, también altera nuestras lecturas gravitacionales!”

Las alarmas resonaban en el puente cuando la transmisión alienígena volvió a activarse.

—“Forasteros, su existencia aquí es un error. No hay salida. No hay salvación. Acepten su disolución”.

Eliana cerró los ojos por un segundo, ordenando sus pensamientos.

—“No acepto eso”. —Sus ojos se abrieron con fiereza—. “Riel, dime que tienes una solución”.

El oficial de ciencias asintió con cautela.

—“Podemos crear una resonancia inversa que nos empuje fuera de esta dimensión. Pero necesitaríamos una fuente de energía masiva y una trayectoria estable dentro de este caos”.

Darrin golpeó la consola con un puño.

—“Podemos sobrecargar los propulsores principales y redirigir la energía del núcleo de curvatura. Eso nos dará el empuje que necesitamos, pero será un salto a ciegas. Podríamos terminar en cualquier parte del multiverso”.

Eliana miró la pantalla donde las naves enemigas se acercaban como depredadores. No había tiempo para deliberaciones.

—“Prefiero estar en cualquier parte antes que atrapados aquí. Darrin, hazlo. Riel, guía la trayectoria”.

Las luces del puente titilaron cuando la Zier comenzó a acumular energía. Las naves enemigas intensificaron sus ataques, pero la Zier resistía.

—“Casi estamos” —dijo Darrin con el sudor en la frente—. Solo un poco más…

Entonces, un impacto masivo sacudió la nave. Una grieta de pura oscuridad se abrió frente a ellos, girando y fluctuando como una herida en el tejido del espacio.

—“¡Ahora!” —grita Eliana.

La Zier avanzó con toda la potencia de sus motores, sumergiéndose en la fisura dimensional justo cuando un último disparo alienígena casi los alcanza. La oscuridad los envolvió por un instante eterno… y luego, la luz.

La nave emergió en espacio conocido. La vista era clara y familiar.

—“Verifiquen nuestras coordenadas” —ordenó Eliana.

Riel dejó escapar una carcajada de alivio.

—“Gracias a Dios, estamos de vuelta en nuestro universo, capitana. Lo logramos”.

Eliana respiró hondo, asimilando lo que acababan de sobrevivir.

—“Darrin, comience las reparaciones. Riel, documente todo. Vamos a asegurarnos de que nadie más caiga en ese dominio fragmentado”.

Con la tripulación exhausta pero aliviada, la Zier se alejó del punto de donde habían salido de la convergencia de realidades, dejando atrás el misterio de un cosmos fracturado y la certeza de que habían desafiado lo imposible… ¿Y qué cree usted, estimado lector?.

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