La sala fría y un olor ácido penetrante, se me agita el estomago como un prefacio ,siento un hormiguear apenas entrando, me ahogo con un latir constante y acelerado.
– Aquí yace su madre , dice un hombre completamente de blanco, me acerca su cadáver , y sale dando grandes zancadas .
yo tomo su mano, que aun no está del todo rígida, pero sí fría e inerte , la alejo algo de su flanco, soplo sobre ella mi aliento para entibiarle , en un intento pueril e inútil, casi descuidado.
– Madre – murmuro y un dolor agudo me cruza la laringe
– Madre – repito y me sobresaltan los recuerdos; las golpizas de mi padre , todo cayendo destruido , el caos , los pasos tambaleantes , el rostro desencajado
– Madre y cierro los ojos, cuando me sube la náusea . No sé bien si de asco, de dolor , vergüenza o rabia , un dolor inefable, una nube siniestra deambula por toda la sala.
– Madre – y apoyo la cabeza cerca de su mejilla amoratada , me tiemblan las rodillas, me dobla el recuerdo del hálito alcohólico y los movimientos torpes de mi padre .
susurro alguna melodía suave, le digo al oído bajito que la amo, reniego de mi padre y todo lo se antaño, acerco su mano a mi rostro
– Madre y el silencio abofeteándome, en un arranque la zamarreo impotente , en un impulso irrefrenable le reclamo a los gritos tanto aguante, tanto
– Madre – el hombre se acerca despacio , delicadamente me toca el hombro
– ya es hora debe marcharse. Me vuelvo hacia él con una pena dura y pesada , de aquellas de las que es imposible desligarse , mantengo entre las mías su mano, como si de milagro fuese a despertarse . El me desprende de ella con cuidado, evitando provocarme
– Madre, Madre – apuro las palabras
– Debe retirarse – y me empuja a la puerta de entrada , camino a la salida desorientado, ahogado en el olor espeso , temblando , me golpea la rafaga de viento que no es suficiente para desprender aquella sensación pegajosa de la muerte , oigo mis latidos y piso casi mareado , castañean mis dientes .
– Madre, Madre repito en letania , invade el frio de la tarde mi piel, sin borrar aquel frio de su cuerpo. He llegado a un parque, me desparramo en una banca cansado, me arreglo el traje, la corbata y entonces diviso a lo lejos la sombra inconfundible de mi padre , no me muevo, intento que entre el aire , una furia inaudita me contrae la piel los músculos, doliéndome como agujas en la carne … y sé que para ambos, ya es tarde
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