Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,

al borde del abismo, estoy clamando

a Dios. Y su silencio, retumbando,

ahoga mi voz en el vacío inerte.

Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte

despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo

oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando

solo. Arañando sombras para verte.

Blas de Otero

Y el Señor Dios dijo:

–El hombre es ya como uno de nosotros en el conocimiento del bien y del mal, 

ahora sólo le falta echar mano al árbol de la vida, tomar, comer y vivir para 

siempre. 

Y el Señor Dios lo expulsó del Edén, para que trabajara la tierra de donde lo 

había sacado. 

Echó al hombre, y a oriente del jardín del Edén colocó a querubines y una 

espada de fuego zigzagueante para cerrar el camino del árbol de la vida.

Libro del Génesis 

I

En la silla del lago, con pan desmigajado

alimento a los patos con mis dedos indios

de manos desempleadas, a lado de Dios

de túnica y barba albureas. Vemos desotro lado

la pausa y movimiento, las noches y los días

de su hijo, El Hombre, mortalmente deshidratado, 

aunque sin la cruz, Dios mío, igualmente flagelado

por otro hombre que, sin existir monarquías,

blande el mismo látigo del antiguo romano.

Con costales de rocas, tú, Señor, lo envías

aligerando su paso al abismo. Señor, tú sabías

que aún cultivando la tierra se haría pantano.

Hic est homo cum nudis pedibus super terra.

Arma cristi de hoz y martillo; buscando en vano 

tomar el cielo por asalto, con moral de puritano, 

cuando el paraíso nunca salió de esta tierra.

Sostienes el mundo y en la cumbre se te escapa

AtlaSisifo. Cualquier ser en tal condición yerra

imaginando, soñando, pensando que es guerra

la vida con la que el rico vive y se agazapa. 

Anida, turbulenta, en tu mente, la funesta duda

“Si el tormento aquí sufrido es solo una etapa

¿Entonces obtendré del cielo tan solo una capa?”

Hombre, pobre hombre, tengo a lado la barbuda

Alteza a la que todos rezan, hojeando sus papeles

de jubilación, resultado de su jornada peliaguda

de seis cansados días, y para ti ninguna ayuda 

hay en alguna parte. Ni joyas, casas, autos ni pieles

te esperan, ni siquiera un turno en una lista 

de pendientes divinos. Ni despatriados ángeles 

seremos y pecado es imaginarnos ser claveles

en los remotos prados del Edén. No insista

tu desesperación, Ya no hay Dios en el mundo:

te han dejado. Ya no irá contigo en la autopista 

ninguna bendición al volante. La oración dista

de llegar al remitente ¡Oh Dios! Eres un profundo

mirar al abismo, que responde con horrido eco 

las plegarias. Eres tomento de iluso Segismundo

que, aunque la vida sea sueño, se torna tremebundo

el vagabundo que con tu silencio queda turuleco.

II 

En la silla del lago, con pan desmigajado,

alimento a los peces (procuro la dieta

de pez y pato, que algún hombre o mofeta

pondrán en su plato), mientras, acongojado,

miro mi último pan del día despilfarrado.

¡Oh, fauna lacustre! De migajas te alimentas

y enfilas, esperando, como semana de reventas,

un triste bocado. Ignoras que un día afortunado

mi pan se volverá banquete ¡Oh, pueblo

de peces y patos, escuchen este llamado!

¡Soy quien salvará al pescado ahogado

y al pato desgarrapatado! Yo amueblo

sus casas, las deudas quedan pagadas

¡No pasarán, les digo, no pasarán

ustedes hambre, y así nunca verán

el ocaso de mi sexenio! 

                                      ¡En qué chorradas

-pienso fríamente- me sumerge la funesta

temporada del desempleo; dándome de paga

el delirio de ser mesías: solaz que embriaga

y da calma en tan socialdemócrata fiesta.

Abrázame, Dios mío, tú que mis desvaríos

contemplas y no tocas -no vaya a suceder

que te contagies de desempleo-. Retroceder

es tu ley cuando pedimos quitar los albedríos

que alguna vez nos diste. Hoy no, Dios, no. 

No hablo solo, arañando sombras para verte.

¡Tu hablarás, oh, Rey del Mundo! Interrogarte

es mi ley y la tuya, no dejar mandato arcano.

¡Cuéntame otra vez, Gran Hermano, esa vez

que enfadado diste el Edén en una apuesta

con la serpiente! “¡A que no comerán de esta 

fruta”- dijiste “¡A que nunca tendrán la insensatez

de saber! ¡Gobernados siempre de fe ciega!”

Y perdiste. 

                  Del Tribunal Superior de Justicia

Celestial llegaron actuarios que, con pericia,

mandaste a vestir de querubines, como griega

armada; con espadas de fuego zigzagueantes

para que la primera familia creadora del mundo

no supieran que su despojo fue un rotundo

error de dados, el despertar de dos amantes. 

¿Qué fue del Edén? ¿Una fábrica o un casino?

¿O una terrible fundación de beneficencia?

No se sabe. Pero una cosa es cierta ciencia: 

Para la serpiente el triunfo fue su destino. 

¡Abuelo, cuéntame también, detalle a detalle,

cómo eran las jubilaciones de antaño!

¡Quiero saber cómo diablos (perdón lo huraño), 

con seis días de labor no dormiste en la calle!

No sé, Dios mío, qué leyes te dan el fundamento; 

qué moral, qué ética te acomoda, si condenaste

a tus hijos a comer y vestir a base de desgaste.

¡Deberías ahogarte en sentimiento! 

                                   III

Viendo el lago y el pan desmoronando,

mientras alimento al pueblo de pez y pato

y observo a Atlasisifo (un ojo al gato

y otro al garabato), me hallo conjurando

contra Dios. Aunque no hay que ofenderlo

si quiera: caigo en cuenta que le salió 

el tiro por la culata cuando expolió

al hombre del paraíso. / ¿No puedes verlo? 

¡Oh, plastica omnisciencia traes cargando! 

¿No sientes, Alteza, el peso de tu afrenta? 

La humanidad es la historia de una sirvienta

que de marido y finca a su patrona quitó el mando. 

Al hacerlo mendigo, se volvió emperador. 

Imperios forjan los hombres su manos labriegas,

porque, frente a la serpiente, con dados, la riegas;

¡Alaben todos al nuevo administrador! 

El trabajo —ese yugo— fue corona.

Y el jardín que negaste con espada

Fue rehecho con sudor en la jornada.

Mas deseó y más se activó la neurona 

Y surco los mares, exploró los planetas,

Y hasta el más allá su mano alcanza. 

Suyo el mundo, a imagen y semejanza;

Y tuya una vida digna de anacoretas. 

¿Qué puede interesarle a usted, Alteza? 

Que sin hablar de sus eternos siete días,

Las ventas de La Biblia dan gratas regalías,

Y tanta fama se le sube a la cabeza. 

Solo a Atlasisifo se le ocurre postrarse 

Ante aquel que goza verlo miserable,

hacer del suplicio una faena admirable

Y creer que otra vida podrá gozarse. 

Sostienes al mundo y en la cumbre se te escapa,

Atlasisifo; y todavía cargas a la Alteza 

De túnica y barba alburea ¿Cuándo empieza

Tu reinado? ¿Cuándo te arrancas esa lapa

Que se suma al peso que traes cargando? 

Estás sediento y ni el río te hidrata 

Y lo cruzas sonriente ¿De que se trata 

Tu condición? ¿No ves que la estás cagando? 

IV

Hombre, pobre hombre, semiahogado rasguñas

las pieles de sangre transparente; carne liquida

que toda una cuenca ha colmado ¡No impida

tu raigambre transformar en agua tus entrañas!

Debajo de este manto mojado, se encuentra

un descanso de agua cómplice, indiferente.

Suelta esas rocas, Atlasísifo y mantente 

a flote. ¡El papel del trabajo concentra 

el poder para romper las divinas cadenas

y hacer del hombre un dios mundano!

Aunque por poco no veo a aquel hermano

Que por tu faena trae las arcas llenas. 

Aquel que blande el látigo y trabajas,

Aquel que nos deja sin los medios

De producción. Dile adiós a Dios,

Admira ahora por quién te sobajas.

¡Abrazame de nuevo, alteza de jubilantes 

Siete días! El trabajo nos quito tu yugo,

y el hombre fue libre de ser nuevo verdugo.

¡Líbranos de esta libertad cuanto antes! 

¡Líbranos de esta usurpación sin reclamar

Tu reinado! ¡Líbranos y luego retírate! 

¡invoca otro diluvio y súbeme a un yate! 

¡Una reescritura nuestra hay que intentar! 

¡Levántate, Atlasisifo! ¡Tu arma christi enarbola

Y comienza tu reinado! 

                                       ¿Qué cosa dices? 

¿Tu hoz y martillo están oxidadas? ¡Narices! 

¿La rueda de la historia ya no afila? ¡Carambola!

¿Cayó la URSS? ¡No lo digas! ¡Me vuelvo pato! 

¡Dime qué debo predicar! ¿Qué sermones

Debo pregonar? Me quedo ya sin opciones

para basar mi causa. No hay ni un líder nato

en quien confiar ¿Será La Muerte nuestra 

salida? ¡No! Hay que vivir, no hay mas. 

Aunque otro mundo no se halle jamás. 

¡No vendas tus armas oxidadas! ¡Demuestra 

Que tienen valor de uso y no de cambio. 

¡Aléjate del Monte de Piedad! ¡No cedas!

¡Judas! Vendiste al mundo por tres monedas

¡Pusiste tu espalda al látigo como intercambio!

¿Qué veo? ¿Una risita? ¿Fuiste consciente 

todo el tiempo? ¿Nadie te obligó a portar

al mundo en tus espaldas? Debo preguntar

antes de afirmar ¡Eres esclavo abiertamente! 

V

¡Y yo pregonando utopías sin saber

que fui solo un empleado de reventas! 

¡Camisetas del Che! ¡Novelas de Revueltas!

¡Discursos de izquierda listos para beber! 

Carcajadas a mi alrededor, soy un caradura

Dios se jubila, el hombre del látigo cobra 

Atlasisifo es masoquista y mi obra

Con la fauna lacustre es dictadura

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS