
Anochecer que se extiende en medio de recuerdos muy antiguos y futuros de amor tan anhelados…
Surgiste de la soledad para regalarme tu presencia, y ofrecerme la calidez de tus abrazos.
Entre las nieblas apareciste silenciosa y atenta, para esparcir caricias de luz y paraísos amados.
Latías en cada célula de vida, en todos los rincones de tantos mundos, astros y universos cercanos.
Y ahora nos fundimos entre pulsos sin fin, al cruzar amplios parajes de quietud… Infinidad de caminos paseados.
Francisco Gallardo Perogil
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