No es que yo me haya negado, es mi herida,
que pincha cada vez que suspiras cerca de mi boca.
Es mi herida, cada vez que me tocas, muerde.
Pues esta herida vive:
en los cuartos donde dormía de niña,
en las manos de los niños,
en las manos de mi padre,
en el hombre.
Y esta herida,
esta piel,
esta mujer,
está prohibida para otro que no seas tú
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