También, puedes escuchar el podcast Matrero en Spotify.
–
I
esperar en la mañana
mirar los cerros
sobre las chapas;
atardecer en el camino
entre Huinganco y Las Ovejas;
negociar con los paisanos
en el cuadro de sus caballos
mientras amansan
la tropilla;
caminar tres kilómetros
para llegar a la pequeña despensa
de los vecinos;
buscar esperanza
en los arroyos que cruzan la ruta;
descansar en la hostería
y volver de madrugada
desde El Huecú.
II
tu amor puro
de arriera de chivas
de cauce de arroyo seco
y de corrales ladeados;
lagrimita de sauce llorón
mi amor
una huella del contrabando;
entre las bardas
de la Cordillera
duermo
en alojos de paisanos;
sobre las piedras
sobre el valle
con luna clara,
el remolino del río.
III
en una casita
de adobe
pedimos a Dios
tomados de la mano;
salgo
de madrugada
sin ladero;
espero
el amanecer
en los cruces
de los caminos.
IV
la vida que yo escribo
no fue novelada para la ficción
ni para la venta de ejemplares;
yo siembro estas poesías
en surcos profundos
en la tierra negra
siembro estas poesías
para que dormidas
junto a la acequia
queden cerca
bien cerquita
de la tumba adonde voy
y donde todos vamos
algún día.
V
paisanita de los valles
morena de la quebrada
tus sueños de esperanza
se revuelcan
en sábanas sucias
y en las esquinas del mercado;
de volver al pueblo me gusta
que siempre estamos solos
nosotros los pobres
olvidados en los parajes
entre los cerros verdes;
de volver al pueblo disfruto
besar el olvido
y asumir que el tiempo no existe
y soñar
que algo bueno puede
sorprenderme
y cambiar mi vida
en cualquiera
de estas callecitas angostas.
VI
fueron mis propios hermanos
los que nos robaron el campo
que dejó nuestro abuelo;
lo vendieron por monedas,
se gastaron el dinero;
así quedé sin tierra
y me volví matrero
vagando en las montañas
ganando mí pan
trabajando de peón,
de arriero,
de obrero;
más el tiempo
siempre da la razón
al humilde
que se aflige
en su desvelo.
VII
el fuego solitario
y una manta prestada;
dormir entre los pinos talados
viendo los relámpagos
llegar desde el horizonte;
mascar plantas
beber agua del río
esperar un milagro
lejano;
me gusta soñar con la poesía
porque es mía;
los traidores y enemigos
pueden contrariar lo que digo
y lo que hice;
pero lo que escribo
permanece.
VIII
con la primera nevada
del otoño
salimos hacia la Cordillera;
en el cielo
la barda blanca
un auto viejo
nos llevó
hasta la iglesia;
sobre la huella
de Colipilli
en la arena
sembraste
lágrimas de miseria.
IX
yo anduve donde todavía anidan
los indios salvajes
solos en las pampas de vertientes
tienen sus propios rituales
su magia
sus historias
bajan al pueblo si pueden
una vez cada mes
no comulgan con el huinca
no tienen
intendencias ni gobernantes
en la noche de enero
los forajidos
y prófugos
vuelven
de los refugios de las verandas
se emborrachan
y galopan asustando
a las abuelitas y los niños.
X
está oculto en la noche oscura
el demonio esperando
el sol de mí espíritu
y yo reescribo la historia
danzando sobre el espejo dorado
de la literatura;
fuego en la noche
hay tormenta
hace tres días no cesan
ni el viento ni la lluvia
y yo duermo junto al lago
en un puesto de paso por Epuyén;
me son reparo
unos pinos caídos
y algunas piedras
de la bahía.
OPINIONES Y COMENTARIOS