CASO 07 – “El estudiante que traicionó su vocación”

CASO 07 – “El estudiante que traicionó su vocación”

LuFer

03/01/2026

El Tribunal del Tiempo abre sesión.

Entra un joven adulto con un título enmarcado bajo el brazo.

No lo sostiene con orgullo.

Lo sostiene como quien carga una caja que no es suya.

Sus ojos están llenos de un cansancio extraño:

no es agotamiento físico,

es el peso de vivir una vida que no eligió.

El Juez Tiempo lo observa con suavidad.

No es el primer acusado que llega arrastrando un sueño ajeno.

I. Recepción de Testigos

El primer testigo es un cuaderno de la infancia, con dibujos torcidos de estrellas, letras y colores.

—Yo conocí su primer amor —dice el cuaderno—. Quería ser músico, escritor, arquitecto, explorador… cualquier cosa que encendiera su corazón. Pero todos se rieron. Y dejó de abrirme.

El segundo testigo es la carrera universitaria elegida por presión, un libro enorme y pesado.

—Me escogió porque “da plata” —declara—. Me estudió por obligación. Me aprobó sin pasión. Me terminó sin quererme.

Entra el tercer testigo: la mesa de estudio de la madrugada, cubierta de ojeras y estrés.

—Yo fui el campo de batalla —dice—. Él se decía a sí mismo: “es lo correcto”. Pero lloraba cuando nadie lo veía.

El cuarto testigo es una conversación familiar, convertida en una sombra.

—Yo escuché la frase que lo quebró —susurra—: “Esa carrera no sirve. Estudiá algo serio.”

Y el último testigo es su vocación verdadera, personificada como una luz pequeña pero persistente.

—Nunca me fui —dice con voz temblorosa—. Solo me escondí para no estorbar.

El joven baja la mirada.

Por primera vez entiende a quién abandonó realmente.

II. Examen de los Hechos

El Tiempo despliega la cinta de su vida.

Aparecen:

• proyectos que nunca empezó por miedo al qué dirán

• sueños que anotó y tachó

• trabajos que aceptó “porque así toca”

• oportunidades perdidas por seguir un camino que no era suyo

• momentos donde su espíritu gritó… y él lo silenció

El joven intenta defenderse:

—Yo solo quería hacer las cosas bien.

El Tiempo se acerca.

—¿Bien para quién?

La cinta muestra dos versiones de sí mismo:

• el que estudió por deber

• y el que creaba en secreto, en libretas escondidas, en notas de voz nunca enviadas, en algo que seguía latiendo a pesar de todo

La verdad aparece:

Él nunca abandonó su vocación por falta de talento…

sino por falta de permiso.

III. Sentencia

La sala se llena de una luz suave, como la de un amanecer que no juzga.

El Tiempo dicta:

—No te culpo por elegir la seguridad.

Te culpo por creer que tu deseo era un peligro.

El joven tiembla.

—Tu vocación no murió —continúa el juez—. Solo la asfixiaste para encajar. Todavía respira. Y todavía te espera.

La sentencia final se da sin dureza, pero sin escape:

—Tu condena es simple:

deberás darle al menos un espacio al verdadero tú.

Aunque sea pequeño.

Aunque sea de noche.

Aunque nadie lo entienda.

—Si no lo hacés —añade el juez—, vivirás la vida de alguien más.

Y esa sí sería una verdadera traición.

El reloj marca 03:17.

La hora en que algunos sueños vuelven a reclamar su lugar.

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