Un mundo chiquito con patas y bigotes.

Un mundo chiquito con patas y bigotes.

Anastasia

31/12/2025

Había una vez una gata que llegó sin hacer ruido, envuelta en una historia mínima: el gesto simple de una clienta, un “¿la querés?” dicho al pasar, y un destino que ya estaba decidido aunque nadie lo supiera.

Emanuel la miró como miran los chicos cuando reconocen algo propio.

No preguntó demasiado.

No dudó.

La tomó como se toman las verdades: con naturalidad.

Al principio parecía frágil.

Se escondía debajo de una caja, dormía en rincones pequeños, como si el mundo fuera demasiado grande para su cuerpo. Emanuel, en cambio, le ofrecía silencio. No la invadía. Se sentaba cerca, hablándole bajito, respetando ese idioma invisible que sólo ellos entendían.

Nunca quedó claro quién adoptó a quién.

Si fue él quien la salvó del abandono

o si fue ella la que llegó para enseñarle que el amor no siempre pide explicaciones.

Entre ellos nació una complicidad suave y profunda:

miradas que se buscan,

siestas compartidas,

una confianza que no se dice pero se siente.

Ella lo espera.

Él la cuida sin darse cuenta.

Y ahí están.

Una peluda de cuatro patas y un humano pequeño,

armando su propio mundo debajo de una caja,

demostrando que el amor verdadero no necesita palabras,

sólo presencia.

Porque a veces, el refugio no es un lugar.

Es alguien.

Etiquetas: pelusa amor gatuno

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