Pesa.

Pesa demasiado.

Son mis pensamientos al cargar aquel fusil entre mis manos y cruzarme directamente con la mirada de aquellos campiranos.

¿Acaso soy yo el malo?.

Incluso si son ellos con los que conspiramos.

¿Soy yo el culpable de esto?.

Nada de eso tiene sentido y solo estoy divagando entre la culpa que me causa hacer esto.

Y hace mucho frio.

¿Cuánto duele?.

¿Cuánto duele ganarse el perdón?.

Siempre me gusto pensar que de alguna manera yo era especial, que era distinto al resto, que de alguna manera yo si era algo y mi historia seria distinta.

Pero ahora lo entiendo perfectamente. Nunca fui especial, solo aguantaba mejor que algunos.

Pero ahora mirando mis manos y mi abdomen manchados.

Y mirando el amanecer.

Quizá hice las cosas bien.

Después de todo, al igual que todas las leyendas, yo tampoco saldré vivo de esta.

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