Se pierden mis surcos,

se agrieta mi alma como tierra seca.

Aburridos días sin lluvias,

sin partos,

ni gritos que rajen la luna,

y se escuche el quebranto de piedras plateadas,

cayendo en el mar, rompiendo su calma azulada.

Frágil de piel,

fuerte de lágrimas, quejidos perversos rompen las gargantas.

Calma fría que desgarra, recia ventolera

maltratando llega,

mastica, nos traga, escupe en silencio, desgarra la calma:

¡No pises tu sombra, tú puedes, escapa!

¡Da vida a tus alas!

Si el mechón de canas, estrelló su plata

sobre el viejo cieno, no caigas de nuevo,

no enfangues tus plumas,

pon proa a tus sueños…

¡¿Y a qué esperas?!

¡Bate, bate alas!

¡Empuja hacia arriba!

que choquen sus dorsos, con sonidos sordos,

orgullo de vuelo …

Y  no olvides nunca, vayas donde vayas,

que en tierras ungidas de traiciones,

¡Tú jamás te poses, que no hay esperanza!

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