Viniste a mí una mañana por el Día del Estudiante, por el Día de la Primavera, te entregaron en mis manos las manos de Irupé, mi profesora de Yoga y de Dibujo. Te cuidé primorosamente, te regué todos los días, te hablé, te acaricié; sin saber que un día me abandonarías. Fuiste el regalo más hermoso y maravilloso que me hayan dado, eres el regalo más triste que me hayan dado. Te estas muriendo, y yo sin poder hacer nada por ti. Irupé dice que es el ciclo de tu vida; pero a mi esa explicación no me basta. Empañas la poca alegría que siento por estas fiestas navideñas en el albor de mi sexagésimo cumpleaños, pero no te culpo.

Te saqué fotos de cada momento de tu estadía, hasta llegar a tu magnifica esplenditud, son caros recuerdos que dejas de esas imágenes en mi alma.

Gracias por todo lo que me diste Plantita Querida.

P.D. Así te llamé en la alarma de mi celular 20:00 Plantita Querida para no olvidar ni un solo día luego de retirarse el sol de regarte, ni de mimarte, y vos respondiste con exuberancia, muchas gracias.

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