Promesas falsas…
Promesas vacías…
Promesas efímeras…
De nuestra corta pero intensa historia solo eso quedó: lazos que se unieron sin saber cómo ni cuándo.
A estas alturas de mi vida, no recuerdo cómo llegaste ni en qué instante lograste entrar tan profundo en mí. Pero aún recuerdo aquellas noches que venías a mí: tu calor, tu aroma, tu voz y ese, tu tonto sentido del humor, aquel tonto sentido del humor que tanto coincidía con el mío.
Tu estadía fue breve, pero la recuerdo con tanto anhelo que todavía me sorprende.
¿Te acuerdas de aquella noche que nos conocimos?
Apuesto que sí, pero este no fue un cuento común entre dos jóvenes enamorándose; este fue un fragmento mío, donde mi joven corazón decidió mudarse para coincidir con tu recorrido, enamoradizo y adulto corazón. Ahora entiendo que no logré impregnar tu mundo de mis alegrías ni de mis aventuras, pero quiero creer que, en medio de nuestro caos, hayas encontrado un poco de luz, de ilusiones y oportunidades donde tú ya solo veías el tiempo desvanecerse.
No me arrepiento, tampoco te odio.
Pero aquella tarde de nuestro triste desenlace, aun sabiendo cómo antes me desgarraron, no dudaste en exponer mi alma y romper mi corazón una vez más.
Supongo que no fue una buena despedida.
Pero al menos espero que mi ausencia haya traído ligereza a tus días ya que así lo decidiste.
De nada me arrepiento pues te agradezco aquellos momentos que cobijaste mi niña interior y maquillaste mi mundo porque sé que aquellos días contigo fui aquella mujer sin máscara.
Y si algo aprendí…
es que amar sin reservas siempre será un riesgo que estoy dispuesta a asumir.
OPINIONES Y COMENTARIOS